26.3.11

Camino de Perfección Cap. 13

 
Revisión del texto, notas y comentario: Tomás Álvarez, O.C.D.




Camino de Perfección.
2º Redacción (Códice de Valladolid)
Capítulo 13
 
 
 
 
Prosigue en la mortificación, y cómo ha de huir de los puntos y razones del mundo para llegarse a la verdadera razón.

            1. Muchas veces os lo digo, hermanas, y ahora lo quiero dejar escrito aquí, porque no se os olvide, que en esta casa, y aun toda persona que quisiere ser perfecta, huya mil leguas de «razón tuve», «hiciéronme sinrazón», «no tuvo razón quien esto hizo conmigo»... De malas razones nos libre Dios. ¿Parece que había razón para que nuestro buen Jesús sufriese tantas injurias y se las hiciesen y tantas sinrazones? La que no quisiere llevar cruz sino la que le dieren muy puesta en razón, no sé yo para qué está en el monasterio; tórnese al mundo, adonde aun no le guardarán esas razones. ¿Por ventura podéis pasar tanto que no debáis más? ¿Qué razón es ésta? Por cierto, yo no la entiendo.
(sigue aquí --- en "Más información"... )

             2. Cuando nos hicieren alguna honra o regalo o buen tratamiento, saquemos esas razones, que cierto es contra razón nos le hagan en esta vida. Mas cuando agravios -que así los nombran sin hacernos agravio-, yo no sé qué hay que hablar. O somos esposas de tan gran rey, o no. Si lo somos, ¿qué mujer honrada hay que no participe de las deshonras que a su esposo hacen? Aunque no lo quiera por su voluntad, en fin, de honra o deshonra participan entrambos. Pues tener parte en su reino y gozarle, y de las deshonras y trabajos querer quedar sin ninguna parte, es disparate.

            3. No nos lo deje Dios querer, sino que la que le pareciere es tenida entre todas en menos, se tenga por más bienaventurada; y así lo es, si lo lleva como lo ha de llevar, que no le faltará honra en esta vida ni en la otra. Créanme esto a mí. Mas qué disparate he dicho, que me crean a mí, diciéndolo la verdadera Sabiduría (1)[1].

            Parezcámonos, hijas mías, en algo a la gran humildad de la Virgen Sacratísima, cuyo hábito traemos, que es confusión nombrarnos monjas suyas; que por mucho que nos parezca nos humillamos, quedamos bien cortas para ser hijas de tal Madre y esposas de tal Esposo.

            Así que si las cosas dichas no se atajan con diligencia, lo que hoy no parece nada mañana por ventura será pecado venial; y es de tan mala digestión, que si os dejáis no quedará solo. Es cosa muy mala para congregaciones.

            4. En esto habíamos de mirar mucho las que estamos en ella, por no dañar a las que trabajan por hacernos bien y darnos buen ejemplo. Y si entendiésemos cuán gran daño se hace en que se comience una mala costumbre, más querríamos morir que ser causa de ello (2)[2]; porque es muerte corporal, y pérdidas en las almas es gran pérdida y que no parece se acaba de perder; porque muertas unas vienen otras, y a todas por ventura les cabe más parte de una mala costumbre que pusimos, que de muchas virtudes; porque el demonio no la deja caer, y las virtudes la misma flaqueza natural las hace perder.

            5. ¡Oh, qué grandísima caridad haría y qué gran servicio a Dios la monja que en sí viese que no puede llevar las costumbres que hay en esta casa, conocerlo e irse! Y mire que le cumple, si no quiere tener un infierno acá y plega a Dios no sea otro allá (3)[3], porque hay muchas causas para temer esto, y por ventura ella ni las demás no lo entenderán como yo.

            6. Créanme en esto, y si no, el tiempo les doy por testigo. Porque el estilo que pretendemos llevar es no sólo de ser monjas, sino ermitañas, y así se desasen de todo lo criado, y a quien el Señor ha escogido para aquí, particularmente veo la hace esta merced. Aunque ahora no sea en toda perfección, vese que va ya a ella por el gran contento que le da y alegría ver que no ha de tornar a tratar con cosa de la vida y el sabor todas las de la Religión.

            Torno a decir que si se inclina a cosas del mundo, que se vaya si no se ve ir aprovechando; e irse, si todavía quiere ser monja, a otro monasterio, y si no, verá cómo le sucede. No se queje de mí, que comencé éste, porque no la aviso.

            7. Esta casa es un cielo, si le puede haber en la tierra, para quien se contenta sólo de contentar a Dios y no hace caso de contento suyo; tiénese muy buena vida; en queriendo algo más, se perderá todo, porque no lo puede tener; y alma descontenta es como quien tiene gran hastío, que por bueno que sea el manjar, la da en rostro, y de lo que los sanos toman gran gusto comer, le hace asco en el estómago. En otra parte se salvará mejor, y podrá ser que poco o poco llegue a la perfección que aquí no pudo sufrir por tomarse por junto. Que aunque en lo interior se aguarde tiempo para del todo desasirse y mortificarse, en lo exterior ha de ser luego. Y a quien con ver que todas lo hacen y con andar en tan buena compañía siempre, no le aprovecha en un año (4)[4], temo que no aprovechará en muchos, más, sino menos. No digo sea tan cumplidamente como en las otras, mas que se entienda va cobrando salud, que luego se ve cuándo el mal es mortal.

COMENTARIO AL CAPÍTULO 13

Cincelar un estilo de vida


            Al lector le espera una sorpresa en este capítulo 13 del Camino. Bajo la cobertura de un título inocente, van a estallarle entre las manos unas páginas tensas.

            Según el epígrafe del título, "prosigue" el tema de la mortificación. Y la "fuga mundi". Huir, pero nada de batirse en retirada. Huir es liberarse del estilo dialéctico y egocéntrico usado fuera. Dar carpetazo a "las razones del mundo". En busca de "la verdadera razón".

            Esta, "la verdadera razón", está en una de las paradójicas consignas evangélicas de Jesús. Consigna que debe servir para esculpir a cincel una variante de estilo en el Carmelo: algo de lo que tiene que diferenciar y definir el estilo de vida que tratan de forjar el libro y su Autora.

            Comencemos por ahí.


Forjar un estilo de vivir

            Es la primera vez que el libro habla de un estilo de ser o de vivir (n. 6). Lo contrapondrá enseguida al "estilo del mundo" (14, 2). Y poco más adelante lo trasladará al "lenguaje", estilo de hablar y tratarse en la casa (20, 4-6), también aquí en contraste con la "algarabía", que es el lenguaje del mundo (20, 5).

            Cuando, al -año siguiente de escribir esto, se encuentre la Madre Teresa con fray Juan de la Cruz, su primer objetivo de proselitista y pedagoga será hacerle aprender" el estilo de hermandad y recreación" que rige en el Carmelo (Fundaciones 13, 5).

            En realidad, la obsesión por forjar un estilo que marque la vida de la casa, no comienza en este capítulo. Es hito preciso del Camino desde las primeras páginas. La carmelita de San José tiene que definirse en una serie de flexiones y facetas: en lo eclesial, en la pobreza, en lo femenino, en vigor y fortaleza, en amor y libertad santa... Todo ello contribuirá a cincelar el estilo comunitario: recreación y mortificación, contemplación y tarea, idilio con el Esposo y ascesis de castillo guerrero en el realismo de la vida.

            Aquí, en este capítulo, se dan dos pasos más: primero, definir uno de los rasgos que deben caracterizar la vida en un Carmelo. Y segundo, la llegada a eso que se ha llamado "intención de estilo", o "conciencia de estilo teresiano". Ha sido un egregio maestro de la lengua, Ramón Menéndez Pidal, quien ha estudiado a fondo el "estilo ermitaño" de Teresa, como voluntad de estilo literario y como manera femenina adoptada por ella en el manejo de la pluma.

            Eso, sin embargo, es secundario. Lo primero no es cómo escribir. Ni siquiera cómo hablar y conversar. (Esto, "la manera de trato y recreación" volveremos a hallarlo en el Camino). Lo primero es cómo vivir. No sólo como opción y vocación personal. Sino de suerte que ponga en marcha un estilo de ser y vivir en grupo.

            Veamos ahora el perfil de ese trazo especial que quiere destacar en este capítulo.


Contra el sofisma de "las razones"

            Es posible que el epígrafe ése -"los puntos y razones de mundo"- haya evocado en el recuerdo de Teresa sus antiguas lecturas caballerescas. Aun para nosotros, resulta difícil leer la primera parrafada del capítulo ("huya mil leguas de: razón tuve, hiciéronme sin razón, no tuvo razón quien esto hizo...") sin recordar al Quijote y "la razón de la sinrazón que a mi razón se hace".

            Pero no. La Santa no se refiere a las lecturas noveleras. Sino a la vida tal como ella la conoce en el mundo y en la convivencia comunitaria de los monasterios femeninos. El no perder puntos. Reivindicar los propios derechos. No ceder en razones... para no perder terreno en el prestigio social o en el mundillo conventual. Todo ello quizá medianamente pasable. Pero Teresa entrevé lúcidamente el sofisma que sirve de soporte a ese fuego cruzado de razones y sinrazones: "La gran mentira en que vivimos todos", empeñados en acumular peanas para aupar el propio yo.

            De ahí su reacción. ¡Fuera esa hojarasca de razones! ¿Dónde está la verdadera razón? Necesidad acuciante de "andar en verdad". Y descubrimiento paradójico de la verdad de la cruz. "¿Había razón para que nuestro buen Jesús sufriese tantas injurias y se las hiciesen y tantas sinrazones?". Pues sí: más allá de las miles de razones para el NO, había una razón profunda y única para el SÍ de Cristo a la cruz: el amor a la voluntad del Padre y a los hombres hermanos.

            Por eso, "la que no quisiere llevar cruz sino la que le dieren muy puesta en razón, no sé yo para qué está en el monasterio".


O somos esposas de tan gran Rey, o no

            He aquí lo inesperado. "La verdadera razón" para adoptar una postura nueva ante razones y sinrazones, y para poder fundar una nueva tabla de valores y convivencia: "Somos esposas" del Rey crucificado. O como dirá enseguida: "¡Hijas de tal Madre y esposas de tal Esposo!" (n. 3).

            El anclaje en esa suprema razón cristológica es lo decisivo.

            Para un lector superficial quizá resulte desproporcionado: para poner en marcha una ascesis aparentemente de epidermis, como es el excusarse o no excusarse, reivindicar o no las propias razones..., ¿no es desmesurado apelar al Cristo en cruz, o al Cristo esposo?

            Pues no. Para Teresa no se trata de ascesis epidérmica, sino de un rasgo configurante y profundo.

            Se trata de la radical dialéctica de la cruz y del amor. Si somos esposas, ¿podemos no compartir su estilo de razonar y de vivir, su estilo de callar? Si el esposo es un crucificado, ¿es posible esquivar la cruz? ¡"Honra y deshonra" con Él! Es ésa la glosa que Teresa pone al lema primero del título de este capítulo: "Mortificación".

            Para ella la mortificación no consiste tanto en "la penitencia y ayunos" (lo había asegurado categóricamente en el borrador: ver redacción del Escorial), sino en algo más profundo: la condición de la persona y su tabla de valores en alternativa entre "la cruz" y "el yo".


Estilo de ermitañas

            En el borrador del libro, Teresa se expresaba categóricamente así: "Todo el estilo que pretendemos llevar es de no sólo ser monjas, sino ermitañas" (n. 6).

            Años más tarde, en un pasaje hoy famoso del librito titulado Modo de visitar los conventos, hablando del estilo de lenguaje usado en sus Carmelos, escribirá: "Mirar en la manera del hablar, que vaya con simplicidad y llaneza y religión, que lleve más estilo de ermitañas y gente retirada que no ir tomando vocablos de novedades y melindres, creo los llaman, que se usan en el mundo, que siempre hay novedades. Préciense más de groseras que de curiosas en estos casos" (n. 42).

            Digamos de paso que los términos "groseras" y "curiosas" no tienen en el léxico teresiano las connotaciones negativas de hoy. Pidal, glosando ese pasaje teresiano, exclamaba: "Groseras más que curiosas. Aquí tenemos la explicación de la prosodia popularizante que santa Teresa adopta en sus autógrafos... Así, el idioma del siglo XVI llega con santa Teresa a poseer un estilo antípoda perfecto del estilo dominante en el XV, con el Marqués de Santillana y Juan de Mena, quienes, por mostrarse doctos retóricos, sustituían las emociones propias con las que los autores antiguos escribieron. La carmelita, al contrario, quiere mostrarse ignorante y sólo busca la expresión de los fenómenos de su alma en el fondo mismo del alma, en aquel Libro vivo que Cristo le dio a leer para consolarla de haber perdido el recreo de los libros en romance".

            Pero el "estilo ermitaño" en el Camino es, ante todo, "estilo de ser y de vivir". En Teresa tiene raíces de añoranza, que ahondan en la montaña bíblica del Carmelo: "Acordémonos de nuestros Padres santos pasados, ermitaños, cuya vida pretendemos imitar: ¡qué pasarían de dolores, y qué a solas, y de fríos y hambre y sol y calor, sin tener a quién se quejar sino a Dios! ¿Pensáis que eran de hierro? ¡Pues tan delicados eran como nosotras!" (11, 4).
            Con todo, mejor que en ningún otro escrito, la Autora expresa aquí mismo su pensamiento: ser ermitaña es "desasirse de todo lo criado" (n. 6). No es el desarraigo del hábitat urbano, o el alejamiento de "corte y aldea", como pensará cierta amiga suya llamada "la Cardona", sino la purificación de los afectos y sentimientos posesivos, que la Santa ha condensado en la palabra "desasimiento": "Desasirse de todo para darnos del todo al Todo".

            "Tener campo y ermitas para apartarse a orar" -como ella ha escrito en el comienzo del Camino (2, 9)- es sólo el marco externo de la vida ermitaña. Lo que interesa es tener ermitaño el corazón.


La bienaventuranza del ermitaño

            Entendido así el estilo ermitaño, ahora Teresa le propina una de sus típicas bienaventuranzas, de neto corte evangélico. Es la bienaventuranza del "ser tenido en menos". Diametralmente contrapuesta al sofisma de las razones del mundo, cuyo baremo es la mentira de ser tenido en más.

            Ella formula su bienaventuranza así: "La que le pareciere es tenida entre todas en menos, se tenga por más bienaventurada" (n. 3).

            Y el refrendo de esa consigna lo halla inmediatamente en el Evangelio: lo ha dicho así "la verdadera sabiduría", que es Jesús. Clara alusión al dicho evangélico: "Cuando te inviten a bodas, siéntate en el último asiento... Quien se ensalza será abajado y quien se rebaja será subido" (Lc 14, 11). Y "el que es mayor entre vosotros, hágase como si fuera menor..." (Lc 22, 26).

            Y un segundo refrendo, la Virgen del Magníficat: "Él vio mi abajamiento... Me llamarán bienaventurada todas las generaciones". "Él derriba del trono a los potentados y aúpa a los humildes" (Lc 1, 48-52). "Parezcámonos, hijas mías, en algo a la gran humildad de la Virgen Santísima, cuyo hábito traemos, que es confusión nombrarnos monjas suyas; que por mucho que nos parezca nos humillamos, quedamos bien cortas para ser hijas de tal Madre y esposas de tal Esposo" (n. 3).


Por fin... las retractaciones

            Ya sabemos que ninguno de los libros teresianos fue trabajado y revisado como el Camino. No sólo fue escrito por entero dos veces: Hubo pasajes rehechos en una tercera ronda. Y todo él revisado por la Santa en un tercer códice, con vistas a la edición tipográfica.

            Entre los pasajes sometidos a tratamiento especial, figura este capítulo 13. ¿Por qué? Sencillamente, por culpa de la típica manera redaccional practicada por la Autora.

            Puesta a escribir, Teresa da paso libre a la inspiración y la pluma. Y si el tema es fuerte, en el ímpetu del momento fácilmente se pasa de raya. Ironiza, increpa, despacha, anatematiza, califica de disparate, o de pestilencia, o de Judas... Cuando vuelve sobre lo escrito rebaja el tono y retracta.
            Así aquí: se le ha ido la pluma un par de veces. Ha ocurrido en los pasajes correspondientes a los números 3 y 5. El momento más peligroso para salir de agujas ha sido la invitación a "¡irse!", "¡irse y dejar en paz a las otras!".

            Algo le duele a ella en ese punto concreto. Está cincelando un estilo de vida evangélica para el grupo. Un estilo con perfiles netos, bien definidos, radicalizantes, como todo lo evangélico. Programa para lectoras vocacionadas y de temple.

            En cambio, ella sabe que a las puertas de la vida religiosa llama de hecho gente de diversa calaña. Alicorta y desvertebrada. Gente que viene "para remediarse". Y que, sin embargo, logra pasar el umbral. "Unas condiciones que hay de suyo amigas de ser estimadas y tenidas, y mirar las faltas ajenas y nunca conocer las suyas, y otras cosas semejantes..." (texto del borrador, n. 5).

            Dejarlas pasar es "dejar que entre el ladrón en casa y les robe el tesoro". Dos largos párrafos para clamar contra ese "disparate" y exigir larga probación: no un año, sino cuatro, o mejor diez... hasta discernir.

            Luego... Resulta fácil e interesante entrever a Teresa en el repaso de su texto, moviendo la cabeza y resignándose a cercenar los párrafos duros, para no incluirlos en la redacción definitiva.

            Por tanto, dos posibles lecturas del capítulo: volver sobre el borrador teresiano y leer lo que hemos llamado primera redacción del Camino, con el texto tal como brotó, sin frenos ni cortapisas, en el momento de inspiración. O leer el texto definitivo, con los retoques y cortes que ella impuso a sus propias páginas.


[1] En la 1ª redacción: «¡Qué disparate he dicho que me crean a mí, diciéndolo la verdadera Sabiduría -que es la misma Verdad-. Y la Reina de los ángeles». - Alusión a la sentencia evangélica de Lc 14, 11... y a dos versos del Magnificat: Lc 1, 48, y 52. - Proseguía enseguida: «Siquiera en algo, imitemos esta su humildad, digo algo, porque por mucho que nos bajemos y humillemos, no hace nada una como yo, que por sus pecados tenía merecido la hiciesen bajar y despreciar los demonios, ya que ella no quisiese. Porque aunque no tengan tantos pecados, por maravilla habrá quien deje de tener alguno por [el] que haya perecido el infierno».
[2] «Una mala costumbre de estos puntillos de honra; mas querríamos morir mil muertes»; así en la primera redacción.
[3] El releer la Santa este pasaje ya listo para la imprenta, encontró dura su amenaza «si no quiere tener un infierno acá y otro allá», y la tachó. Entre líneas completó la frase anterior: «... lo conociese y se fuese antes que profesase, como otra vez he dicho».
            El texto de la 1ª redacción era más extensivo y mucho más fuerte: «¡Oh, qué grandísima caridad haría y qué gran servicio a Dios, la monja que se viese no puede llevar las perfecciones y costumbres que hay en esta casa, conocerse e irse y dejar a las otras en paz...! Y aun en todos los monasterios (al menos si me creen a mí) no lo tendrán ni darán profesión hasta que de muchos años esté probado a ver si se enmiendan... - No llamo faltas en la penitencia y ayunos, porque aunque lo es, no son cosas que hacen tanto daño. Mas unas condiciones que hay de suyo amigas de ser estimadas y tenidas, y mirar las faltas ajenas y nunca conocer las suyas y otras cosas semejantes, que verdaderamente nace de poca humildad; si Dios no favorece con darla gran espíritu, hasta de muchos años verla enmendada, os libre Dios de que quede en vuestra compañía.
            Entended que ni ella sosegará ni os dejará sosegar a todas. Como no tomáis dote, háceos Dios merced para esto, que es lo que me lastima de los monasterios: que muchas veces, por no tornar a dar el dinero, dejan el ladrón que les robe el tesoro, o por la honra de sus deudos. En esta casa tenéis ya aventurada y perdida la honra del mundo, porque los pobres no son honrados; no tan a vuestra costa queráis que lo sean los otros. Nuestra honra, hermanas, ha de ser servir a Dios. Quien pensare que de esto os ha de estorbar, quédese con su honra en su casa; que para esto ordenaron nuestros padres la probación de un año, y en nuestra Orden que no se dé en cuatro, que para esto hay libertad. Aquí querría yo no se diese en diez.
            La monja humilde poco se le dará en no ser profesa; ya sabe que si es buena, no la echarán; si no, ¿para qué quiere hacer daño a este colegio de Cristo? Y no llamo no ser buena, cosa de vanidad, que, con el favor de Dios, creo estará lejos de esta casa; llamo no ser buena, no estar mortificada, sino con asimiento de cosas del mundo o de sí en estas cosas que he dicho. Y la que mucho en sí no le viere, créame ella mesma y no haga profesión si no quiere tener un infierno acá, y plega a Dios no sea otro allá, porque hay muchas causas en ella para ello; y por ventura las mesmas de la casa no las entenderán, ni la mesma, como yo las tengo entendidas».
[4] «Y a quien... no le aprovecha en un año, o medio, temo no aprovechará más en muchos, sino menos»; así en la 1ª redacción.

Santa Teresa de Jesús, 15 de Octubre

Santa Teresa de Jesús
Virgen y Doctora de la Iglesia, Madre nuestra.
Celebración: 15 de Octubre.


Nace en Avila el 28 de marzo de 1515. Entra en el Monasterio de la Encarnación de Avila, el 2 de noviembre de 1535. Funda en Avila el primer monasterio de carmelitas descalzas con el título de San José el 24 de agosto de 1562.

Inaugura el primer convento de frailes contemplativos en Duruelo el 28 de noviembre de 1568. Llegará a fundar 32 casas. Hija de la Iglesia, muere en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582.

La primera edición de sus obras fue el 1588 en Salamanca, preparadas por Fr. Luis de león. El 24 de abril de 1614 fue beatificada por el Papa Pablo V, y el 12 de marzo de 1622 era canonizada en San Pedro por el Papa Gregorio XV. El 10 de septiembre de 1965, Pablo VI la proclama Patrona de los Escritores Españoles.


Gracias a sus obras -entre las que destacan el Libro de la Vida, el Camino de Perfección, Las Moradas y las Fundaciones- ha ejercido en el pueblo de Dios un luminoso y fecundo magisterio, que Pablo VI iba a reconocer solemnemente, declarándola Doctora de la Iglesia Universal el 27 de septiembre de 1970.

Teresa es maestra de oración en el pueblo de Dios y fundadora del Carmelo Teresiano.

¿Qué significa la oración para Santa Teresa?
"Procuraba, lo más que podía, traer a Jesucristo, nuestro bien y Señor, dentro de mí presente. Y ésta era mi manera de oración. Si pensaba en algún paso, le representaba en lo interior; aunque lo más gastaba en leer buenos libros, que era toda mi recreación; porque no me dio Dios talento de discurrir con elentendimiento ni de aprovecharme con la imaginación; que la tengo tan torpe, que, aun para pensar y representar en mí (como lo procuraba traer) la humanidad del Señor, nunca acababa. Y, aunque por esta vía de no poder obrar con el entendimiento llegan más presto a la contemplación si perseveran, es muy trabajoso y penoso. Porque, si falta la ocupación de la voluntad y el haber en qué se ocupe en cosa presente el amor, queda el alma como sin arrimo ni ejercicio, y da gran pena la soledad y sequedad, y grandísimo combate los pensamientos" (Vida 4,7).

"En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mí (que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración), sin encerrar conmigo mil vanidades. Pasé así muchos años; que ahora me espanto qué sujeto bastó a sufrir que no dejase lo uno o lo otro. Bien sé que dejar la oración ya no era en mi mano, porque me tenía con las suyas el que me quería para hacerme mayores mercedes" (Vida 7, 17).

"Gran mal es un alma sola entre tantos peligros. Paréceme a mí que, si yo tuviera con quién tratar todo esto, que me ayudara a no tornar a caer, siquiera por vergüenza, ya que no la tenía de Dios. Por eso, aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio, procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo. Es cosa importantísima, aunque no sea sino ayudarse unos a otros con su oración. ¡Cuánto más, que hay muchas más ganancias! Yo no sé por qué (pues de conversa ciones y voluntades humanas, aunque no sean muy buenas, se procuran amigos con quien descansar y para más gozar de contar aquellos placeres vanos) no se ha de permitir que quien comenzare de veras a amar a Dios y a servirle, deje de tratar con algunas personas sus placeres y trabajos; que de todo tienen los que tienen oración" (Vida 7, 20).

Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí..., se me ofreció lo que ahora diré... que es: considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos así como en el cielo hay muchas moradas... Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita?... no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo... ¿No es pequeña lástima y confusión que por nuestra culpa no (nos) entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos? ¿No sería qran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de qué tierra?.... (1 Moradas 1,1-2)