26.3.11

Camino de Perfección Cap. 7

 
Revisión del texto, notas y comentario: Tomás Álvarez, O.C.D.




Camino de Perfección.
2º Redacción (Códice de Valladolid)
Capítulo 7
 
 
 
 
            En que trata de la misma materia de amor espiritual, y da algunos avisos para ganarle.

            1. Es cosa extraña qué apasionado amor es éste, qué de lágrimas cuesta, qué de penitencias y oración, qué cuidado de encomendar a todos los que piensa le han de aprovechar con Dios para que se le encomienden, qué deseo ordinario, un no traer contento si no le ve aprovechar. Pues si le parece está mejorado y le ve que torna algo atrás, no parece ha de tener placer en su vida; ni come ni duerme sino con este cuidado (1)[1], siempre temerosa si alma que tanto quiere se ha de perder, y si se han de apartar para siempre, que la muerte de acá no la tienen en nada, que no quiere asirse a cosa que en un soplo se le va de entre las manos sin poderla asir. Es -como he dicho- (2)[2] amor sin poco ni mucho de interés propio. Todo lo que desea y quiere es ver rica aquella alma de bienes del cielo.
(sigue aquí --- en "Más información"... )

            Esta es voluntad, y no estos quereres de por acá desastrados, aun no digo los malos, que de ésos Dios nos libre: [2.] en cosa que es infierno no hay que nos cansar en decir mal, que no se puede encarecer el menor mal de él. Este no hay para qué tomarle nosotras, hermanas, en la boca, ni pensar le hay en el mundo, en burlas ni en veras oírle, ni consentir que delante de vosotras se trate ni cuente de semejantes voluntades. Para ninguna cosa es bueno, y podría dañar aun oírlo. Sino de estotros lícitos, como he dicho, que nos tenemos unas a otras, o de deudos y amigas. Toda la voluntad es que no se nos muera: (3)[3] si les duele la cabeza, parece nos duele el alma; si los vemos con trabajos, no queda -como dicen- paciencia; todo de esta manera.

            3. Estotra voluntad no es así. Aunque con la flaqueza natural se siente algo de presto, luego la razón mira si es bien para aquel alma, si se enriquece más en virtud y cómo lo lleva, el rogar a Dios la dé paciencia y merezca en los trabajos. Si ve que la tiene, ninguna pena siente, antes se alegra y consuela; bien que lo pasaría de mejor gana que vérselo pasar, si el mérito y ganancia que hay en padecer pudiese todo dársele, mas no para que se inquiete ni desasosiegue.

            4. Torno otra vez a decir (4)[4], que se parece y va imitando este amor al que nos tuvo el buen amador Jesús; y así aprovechan tanto, porque no querrían ellos sino abrazar todos los trabajos, y que los otros sin trabajar se aprovechasen de ellos. Así ganan muy mucho los que tienen su amistad; y crean que, o los dejarán de tratar -con particular amistad, digo- o acabarán con nuestro Señor que vayan por su camino, pues van a una tierra, como hizo Santa Mónica (5)[5] con San Agustín. No les sufre el corazón tratar con ellos doblez, porque si les ven torcer el camino, luego se lo dicen, o algunas faltas. No pueden consigo acabar otra cosa. Y como de esto no se enmendarán ni tratan de lisonja con ellos ni de disimularles nada, o ellos se enmendarán o apartarán de la amistad; porque no podrán sufrirlo, ni es de sufrir; para el uno y para el otro es continua guerra. Con andar descuidados de todo el mundo y no trayendo cuenta si sirven a Dios o no porque sólo consigo mismos la tienen, con sus amigos no hay poder hacer esto, ni se les encubre cosa. Las motitas ven. Digo que traen bien pesada cruz (6)[6].

            5. Esta manera de amar es la que yo querría tuviésemos nosotras. Aunque a los principios no sea tan perfecta, el Señor la irá perfeccionando. Comencemos en los medios, que aunque lleve algo de ternura, no dañará, como sea en general. Es bueno y necesario algunas veces mostrar ternura en la voluntad, y aun tenerla, y sentir algunos trabajos y enfermedades de las hermanas, aunque sean pequeños; que algunas veces acaece dar una cosa muy liviana tan gran pena como a otra daría un gran trabajo, y a personas que tienen de natural apretarle mucho pocas cosas (7)[7]. Si vos le tenéis al contrario, no os dejéis de compadecer; y por ventura quiere nuestro Señor reservarnos de esas penas y las tendremos en otras cosas, y de las que para nosotras son graves -aunque de suyo lo sean- para la otra serán leves. Así que en estas cosas no juzguemos por nosotras ni nos consideremos en el tiempo que, por ventura sin trabajo nuestro, el Señor nos ha hecho más fuertes, sino considerémonos en el tiempo que hemos estado más flacas.

            6. Mirad que importa este aviso para sabernos condoler de los trabajos de los prójimos, por pequeños que sean, en especial a almas de las que quedan dichas (8)[8]; que ya éstas, como desean los trabajos, todo se les hace poco, y es muy necesario traer cuidado de mirarse cuando era flaca y ver que si no lo es, no viene de ella; porque podría por aquí el demonio ir enfriando la caridad con los prójimos y hacernos entender es perfección lo que es falta. En todo es menester cuidado y andar despiertas, pues él no duerme, y en los que van en más perfección, más; porque son muy más disimuladas las tentaciones, que no se atreve a otra cosa, que no parece se entiende el daño hasta que está ya hecho, si -como digo- no se trae cuidado. En fin, que es menester siempre velar y orar, que no hay mejor remedio para descubrir estas cosas ocultas del demonio y hacerle dar señal que la oración (9)[9].

            7. Procurar también holgaros con las hermanas cuando tienen recreación con necesidad de ella y el rato que es de costumbre, aunque no sea a vuestro gusto, que yendo con consideración todo es amor perfecto (10)[10]. Así que es muy bien las unas se apiaden de las necesidades de las otras. Miren no sea con falta de discreción en cosas que sea contra la obediencia. Aunque le parezca áspero dentro en sí lo que mandare la prelada, no lo muestre ni dé a entender a nadie, si no fuere a la misma priora con humildad, que haréis mucho daño. Y sabed entender cuáles son las cosas que se han de sentir y apiadar de las hermanas, y siempre sientan mucho cualquiera falta, si es notoria, que veáis en la hermana. Y aquí se muestra y ejercita bien el amor en sabérsela sufrir y no se espantar de ella, que así harán las otras las que vos tuviereis, que aun de las que no entendéis deben ser muchas más; y encomendarla mucho a Dios, y procurar hacer vos con gran perfección la virtud contraria de la falta que le parece en la otra. Esforzarse a esto, para que enseñe a aquélla por obra lo que por palabra por ventura no lo entenderá, ni le aprovechará, ni castigo. Y esto de hacer una lo que ve resplandecer de virtud en otra, pégase mucho. Este es buen aviso; no se os olvide.

            8. ¡Oh qué bueno y verdadero amor será el de la hermana que puede aprovechar a todas, dejado su provecho por los de las otras, ir muy adelante en todas las virtudes y guardar con gran perfección su Regla! Mejor amistad será ésta que todas las ternuras que se pueden decir, que éstas no se usan ni han de usar en esta casa, tal como «mi vida», «mi alma», «mi bien», y otras cosas semejantes, que a las unas llaman uno y a las otras otro. Estas palabras regaladas déjenlas para con su Esposo, pues tanto han de estar con El y tan a solas, que de todo se habrán menester aprovechar, pues Su Majestad lo sufre, y muy usadas acá no enternecen tanto con el Señor; y sin esto, no hay para qué; es muy de mujeres y no querría yo, hijas mías, lo fueseis en nada, ni lo parecieseis, sino varones fuertes: que si ellas hacen lo que es en sí, el Señor las hará tan varoniles que espanten a los hombres. ¡Y qué fácil es a Su Majestad, pues nos hizo de nonada!

            9. Es también muy buena muestra de amor en procurar quitarlas de trabajo y tomarle ella para sí en los oficios de casa, y también de holgarse y alabar mucho al Señor del acrecentamiento que viere en sus virtudes. Todas estas cosas, dejado el gran bien que traen consigo, ayudan mucho a la paz y conformidad de unas con otras, como ahora lo vemos por experiencia, por la bondad de Dios. Plega a Su Majestad lo lleve siempre adelante, porque sería cosa terrible ser al contrario, y muy recio de sufrir, pocas y mal avenidas; no lo permita Dios.

            10. Si por dicha (11)[11] alguna palabrilla de presto se atravesare, remédiese luego y hagan gran oración. Y en cualquiera de estas cosas que dure, o bandillos, o deseo de ser más, o puntito de honra (que parece se me hiela la sangre, cuando esto escribo, de pensar que puede en algún tiempo venir a ser, porque veo es el principal mal de los monasterios), cuando esto hubiese, dense por perdidas. Piensen y crean han echado a su Esposo de casa y que le necesitan a ir a buscar otra posada, pues le echan de su casa propia. Clamen a Su Majestad. Procuren remedio. Porque, si no le pone confesar y comulgar tan a menudo, teman si hay algún Judas.

            11. Mire mucho la priora, por amor de Dios, en no dar lugar a esto, atajando mucho los principios, que aquí está todo el daño o remedio (12)[12]; y la que entendiere lo alborota, procure se vaya a otro monasterio, que Dios las dará con qué la doten. Echen de sí esta pestilencia. Corten como pudieren las ramas. Y si no bastare, arranquen la raíz. Y cuando no pudiesen esto, no salga de una cárcel quien de estas cosas tratare: mucho más vale, antes que pegue a todas tan incurable pestilencia. ¡Oh, que es gran mal! Dios nos libre de monasterio donde entra. Yo más querría entrase en éste un fuego que nos abrasase a todas.

            Porque en otra parte creo diré algo más de esto -como en cosa que nos va tanto- no me alargo más aquí (13)[13].

COMENTARIO AL CAPÍTULO 7

Vivir en el amor fraterno


            Desplazar el tema del amor, de la teoría a la práctica. A Teresa va a resultarle fácil y gustoso. En el capítulo anterior (6E) hizo el elogio del amor puro, o amor espiritual perfecto. Ahora (cap. 7E) dirá "cómo vivir lo". Cómo vivir el amor en el grupo de las doce o trece "amigas e hijas suyas".

            No olvidemos que el libro ha comenzado con una especie de declaración de amor: "el amor grande que me tienen (las doce lectoras)", y el amor que ella les tiene: "sé que no falta en mí el amor... para las almas de mis hermanas" -dejó escrito en la página primera del Prólogo-. A esto se debe que el coloquio sobre el amor fluya ahora en clima de franca intimidad. Entre atrevido y confidencial. Clima y tono peligrosos. Especialmente si de pronto surgen unos ojos extraños que se asomen a esa página coloquial. Fue precisamente lo que ocurrió mientras la página iba siendo hecha y rehecha por la Autora.


Página peligrosa... ¿Por qué?

            Aunque la que escribe sea la Madre Teresa, al fin se trata de una mujer, que escribe de amor, en pleno siglo XVI. Cuando años después ella misma se atreva a glosar el tema en el Cantar de los Cantares, un teólogo amigo dará con aquellas páginas en el fuego.

            Ahora también actúa de revisor un teólogo amigo. Ya ha tachado, al final del capítulo tercero, el pasaje en que se teje el elogio de las mujeres. No es fácil que le resulten más inocentes ciertos aspectos del presente capítulo: el tema del amor puro, el tono ardiente y la libertad de complejos con que Teresa lo expone, la total (o aparente) ausencia de recelos frente a posibles avizoreos de la inquisición... Para los inquisidores, en ese momento, una buena pista para dar caza a los "alumbrados" y sus aberraciones es el tema del amor. Igual que lo será un siglo más tarde para diagnosticar las aberraciones del quietismo.

            Pues bien, sobre esa página del Camino tendrá lugar una especie de careo entre la escritora y el teólogo (amigo, pero censor). Ella ha redactado sin frenar la pluma. Sin enredarse en la maraña de prejuicios doctos. Sin recelar la existencia de sabuesos. El tema del amor es de oro. Lo que interesa es librarlo de plomo y escorias. Hacia, la mitad del capítulo, una racha de lirismo se apodera de su pluma y proclama la bienaventuranza del amor: "¡oh dichosas almas que son amadas de los tales! Dichoso el día que los conocieron".

            Y Teresa exhorta a las lectoras a procurarse amigos de esa calidad. Sin reparar en objeciones: "Os dirán que no es menester. Que basta tener a Dios. Buen medio es para tener a Dios, tratar con sus amigos". Y ante posibles titubeos e imperfecciones en la amistad, dirá categóricamente: "todo se ha de volver a su principio, que es el amor que queda dicho", es decir, todo ha de refluir sobre el amor perfecto.

            Y terminará el capítulo asentando que, ante todo y sobre todo importa que en el grupo no falte el amor. Que, aunque sea imperfecto, no haya vacío de amor. "Quiero más que se quieran y amen tiernamente y con regalo... que no (que) haya un punto de discordia".

            Ignoramos lo que ocurrió en ese primer careo entre Teresa y el teólogo censor. Sólo sabemos que ella hubo de volver sobre su manuscrito y redactarlo de nuevo; que aún esa segunda redacción dio en ojo al teólogo revisor; y que éste anotó al margen del nuevo texto una llamada de atención (probablemente, tras haber tachado varios párrafos): "váyase con tiento, conforme a la nota del capítulo...". Y la Madre Teresa hubo de empuñar la tijera, cortar dos hojas de su manuscrito, redactarlas de sana planta, y encolar las nuevas cuartillas sobre el muñón de los folios recortados; cubriendo así la nota del censor.

            Aquel "Váyase con tiento", era una voz de alarma. Y remitía a otra llamada de atención, hecha a la altura del capítulo cuarto, al comenzar el tema de los dos amores. También allí la Autora hubo de recurrir a las tijeras, para cercenar dos hojas del autógrafo (folios XIX y XX), y redactarlas de nuevo, reduciéndolas a una hoja sola. Por tanto, cercenando lo escrito.


El programa de amor para las doce lectoras

            Se llevaría un auténtico chasco el lector que buscase en esta página de la Santa Mística un programa de amor angelical, espiritualoide o desencarnado. Hasta el léxico utilizado por Teresa transpira calor humano, sensibilidad y realismo:

            "Qué apasionado amor". Hecho de "lágrimas, penitencias y oración", de "deseos y contento". "Cuidadoso y temeroso". "Sin poco ni mucho interés propio". Ganoso de "ver rica el alma del amigo". Es el léxico del número primero. Y el texto seguirá hablando de ternura y pseudoternura, de condolerse, holgarse, apiadarse, quitar de trabajo al otro, sentir y "sentir mucho". De inquietud y desasosiego en el amor. De paz y conformidad... Hasta terminar hablando de la "pestilencia incurable" del amor faccioso, capaz de quebrar la unión del grupo de amigas consagradas. Y al llegar ahí, surge la terrible imprecación: antes de incurrir en tan "gran mal", "yo más querría entrase en éste monasterio un fuego que nos abrasase a todas" (n. 11). (Lo increíble es que el censor no puso reparos a ese grito, ni en la primera ni en la, segunda redacción del libro).

            No, nada de programación subrealista, ni de teoría platonizante. Teresa propone al grupo una serie de consignas recias, sumamente evangélicas y sencillas, adherentes a la vida de cada día.

            Resumámoslas:

            - Ante todo, una consigna de fondo: amar. Que no falte el amor. Ni la aspiración al amor puro, ese que es apasionado e inquietante, que no deja ni comer ni dormir. Aunque sea con imperfecciones; que no esté en números rojos la cuenta del amor!

            - En segundo lugar, modelos a la vista. Dos bien selectos: Cristo en traje de "buen amador" y de "Esposo" místicamente presente. Y una mujer, la madre de Agustín el Africano: santa Mónica. Buen modelo de constancia en el amor.

            - En tercer lugar: amar es sufrir y gozar con el amigo. Teresa se hace eco de la consigna de san Pablo: "gaudere cum gaudentibus, flere cum flentibus" (Rm 12, 15). Que ella traduce a su léxico: "sabernos condoler de los trabajos" del otro (n. 6), y "holgarnos con" sus alegrías (n. 7). También la alegría de la recreación "es amor perfecto" (n. 7). Subrayando bien los dos extremos "alegrarse con" (n. 3) y "apiadarse de" (n. 7).

            - En cuarto lugar: el amor se traduce en obras. Los hechos aman más que las palabras. En otro libro -las Moradas- la Santa acuñará su consigna: "que no hermanos, no: obras quiere el Señor" (Moradas V 3, 11). Ahora, la consigna que deberá autenticar el amor en el grupo, es el sacrificio en el trabajo, no asalariado sino altruista: "Quitar de trabajo a las hermanas y tomarlo ella para sí..." (n. 9).

            - Otra consigna: lealtad. No ocultar al otro las verdades dolorosas pero necesarias. Amar sin doblez, ni disimulos, ni mentiras. Amor y verdad van juntos. Amor que sea capaz de durar para siempre, requiere todo eso (n. 4).

            - Un toque final, especie de halo envolvente de todo lo programado: tener "ternura en la voluntad" (n. 6); poseer la capacidad de enternecerse (n. 8), con las hermanas y con Dios. Cordialidad, indispensable para el "bueno y verdadero amor", y para la "amistad" (n. 8).


Sombras y aristas en la práctica del amor

            Es el claroscuro de fondo. Si la Autora no lo hubiera tenido en cuenta, habría falseado el cuadro, pasándolo de la vida real al idilio de fantasía.

            El espectro de amores negros que según ella acecha al grupo de "siervas del amor", proviene de dos degradaciones de la amistad: a nivel personal, el sentimentalismo. Y a nivel de grupo, la amistad en bandillos. En ambos late algo que provoca la repulsa visceral de Teresa.

            En primer lugar, el sentimentalismo. No es que ella proponga e imponga en exclusiva el canon del amor ideal. Sabe que habla a aprendices de amor fraterno. Que a la madurez afectiva se llega tras larga caminata. Por eso insiste repetidas veces en que "aunque a los principios no sea tan perfecta... la manera de amar", no importa. Lo que ella excluye es la confusión de amor y sentimiento. O bien, la reducción del amor al juego de las "ternuras" y "palabras regaladas". Humoriza: "... tal como "mi vida", "mi alma", "mi bien" y otras semejantes...". No sin cierto amargor: "¡es muy de mujeres...!". Y el amor que ella propone al grupo es amor fuerte, vertebrado de vigor, varonil como el amor de Cristo, y a la vez femenino como el de Mónica. Escribirá en la última de sus Exclamaciones: "Fuerte es, como la muerte, el amor, y duro como el infierno. ¡Oh, quién se viese ya muerto de sus manos y arrojado en este divino infierno, de donde ya no se esperase poder salir, o por mejor decir, no se temiese verse fuera!" (17, 3).

            Es mucho más funesto el otro escollo. Teresa conoce bien cuáles son las fuentes de la discordia en una comunidad humana: "bandillos, deseo de ser más, puntito de honra", e incluso "una palabrilla que de presto se atravesare" (n. 10). (Los diminutivos sirven para subrayar la sutileza del fenómeno).

            Amor secesionista, con raíces en pequeñas banderías, acaparamiento afectivo, ansias secretas de liderazgo y monopolio de amor. Sabe ella que ese mal amor, cultivado en grupo cerrado y exclusivista, se convierte en cuchillo divisor. "Cuando esto hubiese, dense por perdidas" (n. 10). Y la razón del fracaso total es de hondo calado cristológico: lo que fracasa en el grupo es el flujo y reflujo del amor del "Esposo-Cristo".

            Como si la sombra de Judas pesase sobre el grupo entero: "teman si hay algún Judas". Para ello, Teresa no ve otra solución que... o "remediarlo luego", o echar a Judas del grupo, o "fuego que nos abrase a todas" (n. 11).


Escribir de amor desde la experiencia vivida

            Es cierto que la Autora tiene experiencia de lo que es un grupo de consagradas en que ha hecho quiebra el amor fraterno... Pero el hontanar secreto de donde brota la presente página es su experiencia viva y positiva de la amistad humana, la que a ella la ha llevado a valorar la amistad y a cotizar alto el amor puro.

            A lo largo del capítulo evocará dos de esas experiencias ya incorporadas a su haber:

            - La que ahora se vive en su Carmelo de San José, "como ahora lo vemos por experiencia, por la bondad de Dios": amor y convivencia cercanos al idilio puro, como ella misma contará en el capítulo 1E de las Fundaciones.

            - Y la experiencia personal suya, desde que ha llegado al amor puro y maduro; la bienaventuranza de la amistad ("¡Oh dichosas almas... amadas de los tales!"). Teresa testifica que ese es precisa mente su caso: "yo lo sé por experiencia, que después del Señor, si no estoy en el infierno, es por personas semejantes...".

            Ya la apertura misma del capítulo - Cosa extraña qué apasionado amor es éste...! - es una radiografía de la situación qué ella atraviesa. Y quizás una evocación tácita del caso recientemente vivido para reconquistar a un amigo de alta calidad, el mismo a quien entregará el manuscrito del Camino para que haga de teólogo censor. Hace sólo unos meses que ella ha contado con emoción y vivacidad ese episodio en el capítulo 34 de su autobiografía. Habría que leer aquí ese pasaje, para entroncar el programa del Camino en la vida misma de la Autora. Y tras ello, releer el capítulo entero desde una doble óptica: desde la experiencia de la Santa, y desde su filosofía del amor, convertida en programa de vida para las doce lectoras pioneras, y para los lectores de hoy.


[1] Entre líneas añadió la Santa en el códice de Toledo: «No se ha de entender que es con inquietud interior».
[2] En el c. 6, nn. 6 y 9.
[3] En el códice de Toledo arregló la Autora este pasaje de suerte que dijese: «Sea nuestra voluntad tal que no nos quite la paz y libertad».
[4] Véase lo dicho al fin del c. 6.
[5] «Amonica» escribe la Santa.
[6] La Santa suprimió allí un pasaje interesante de la 1ª redacción: «¡Oh dichosas almas que son amadas de los tales! ¡Dichoso el día en que los conocieron! ¡Oh Señor mío! ¿no me haríais merced que hubiese muchas que así me amasen? Por cierto, Señor, de mejor gana lo procuraría que ser amada de todos los reyes y señores del mundo; y con razón, pues éstos no procuran, por cuantas vías pueden, hacer tales que señoreemos el mismo mundo y que nos estén sujetas todas las cosas de él.
Cuando alguna persona semejante conociereis, hermanas, con todas las diligencias que pudiere la Madre procure trate con vosotras. Quered cuanto quisiereis a los tales. Pocos debe haber, mas no deja el Señor de querer se entienda cuando alguno hay que llegue a la perfección. Luego os dirán que no es menester, que basta tener a Dios. Buen medio es para tener a Dios tratar con sus amigos; siempre se saca gran ganancia, yo lo sé por experiencia; que, después del Señor, si no estoy en el infierno, es por personas semejantes, que siempre fui muy aficionada me encomendasen a Dios, y ansí lo procuraba. Ahora tornemos a lo que íbamos».
[7] Prosigue la 1ª redacción: «Y no se espanten; que el demonio por ventura puso allí todo su poder con más fuerza que para que vos sintieseis las penas y trabajos grandes».
[8] Importa este aviso... a almas de las que quedan dichas en el n. 4.
[9] Alusión a dos consejos del Señor: Mt 26, 41 y 17, 20.
[10] En la 1ª redacción seguían estas dos delicadas confidencias: «Y es así que queriendo tratar del que no lo es tanto [tan perfecto], que no hallo camino en esta casa para que me parezca entre nosotras será bien tenerle; porque si por bien es, como digo, todo se ha de volver a su principio, que es el amor que queda dicho.
Pensé decir mucho de esotro [de la segunda especie de amor menos perfecto], y venido a adelgazar, no me parece se sufre aquí con el modo que llevamos; y por eso, lo quiero dejar en lo dicho, que espero en Dios, -aunque no sea con toda perfección- no habrá en esta casa disposición para que haya otra manera de amaros».
[11] «Por dicha»: equivale a «por ventura».
[12] Añadía con fuerza en la 1ª redacción: «Y cuando no bastare con amor, sean graves castigos».
[13] El capítulo tenía un hermoso epílogo en la 1ª redacción. Helo aquí: «Porque [en] otra parte trataré aún otra vez de esto, no digo aquí más, sino que quiero más que se quieran y amen tiernamente y con regalo (aunque no sea tan perfecto como el amor que queda dicho, como sea en general) que no [que] haya un punto de discordia. No lo permita el Señor, por quien Su Majestad es, amén».

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Santa Teresa de Jesús, 15 de Octubre

Santa Teresa de Jesús
Virgen y Doctora de la Iglesia, Madre nuestra.
Celebración: 15 de Octubre.


Nace en Avila el 28 de marzo de 1515. Entra en el Monasterio de la Encarnación de Avila, el 2 de noviembre de 1535. Funda en Avila el primer monasterio de carmelitas descalzas con el título de San José el 24 de agosto de 1562.

Inaugura el primer convento de frailes contemplativos en Duruelo el 28 de noviembre de 1568. Llegará a fundar 32 casas. Hija de la Iglesia, muere en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582.

La primera edición de sus obras fue el 1588 en Salamanca, preparadas por Fr. Luis de león. El 24 de abril de 1614 fue beatificada por el Papa Pablo V, y el 12 de marzo de 1622 era canonizada en San Pedro por el Papa Gregorio XV. El 10 de septiembre de 1965, Pablo VI la proclama Patrona de los Escritores Españoles.


Gracias a sus obras -entre las que destacan el Libro de la Vida, el Camino de Perfección, Las Moradas y las Fundaciones- ha ejercido en el pueblo de Dios un luminoso y fecundo magisterio, que Pablo VI iba a reconocer solemnemente, declarándola Doctora de la Iglesia Universal el 27 de septiembre de 1970.

Teresa es maestra de oración en el pueblo de Dios y fundadora del Carmelo Teresiano.

¿Qué significa la oración para Santa Teresa?
"Procuraba, lo más que podía, traer a Jesucristo, nuestro bien y Señor, dentro de mí presente. Y ésta era mi manera de oración. Si pensaba en algún paso, le representaba en lo interior; aunque lo más gastaba en leer buenos libros, que era toda mi recreación; porque no me dio Dios talento de discurrir con elentendimiento ni de aprovecharme con la imaginación; que la tengo tan torpe, que, aun para pensar y representar en mí (como lo procuraba traer) la humanidad del Señor, nunca acababa. Y, aunque por esta vía de no poder obrar con el entendimiento llegan más presto a la contemplación si perseveran, es muy trabajoso y penoso. Porque, si falta la ocupación de la voluntad y el haber en qué se ocupe en cosa presente el amor, queda el alma como sin arrimo ni ejercicio, y da gran pena la soledad y sequedad, y grandísimo combate los pensamientos" (Vida 4,7).

"En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mí (que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración), sin encerrar conmigo mil vanidades. Pasé así muchos años; que ahora me espanto qué sujeto bastó a sufrir que no dejase lo uno o lo otro. Bien sé que dejar la oración ya no era en mi mano, porque me tenía con las suyas el que me quería para hacerme mayores mercedes" (Vida 7, 17).

"Gran mal es un alma sola entre tantos peligros. Paréceme a mí que, si yo tuviera con quién tratar todo esto, que me ayudara a no tornar a caer, siquiera por vergüenza, ya que no la tenía de Dios. Por eso, aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio, procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo. Es cosa importantísima, aunque no sea sino ayudarse unos a otros con su oración. ¡Cuánto más, que hay muchas más ganancias! Yo no sé por qué (pues de conversa ciones y voluntades humanas, aunque no sean muy buenas, se procuran amigos con quien descansar y para más gozar de contar aquellos placeres vanos) no se ha de permitir que quien comenzare de veras a amar a Dios y a servirle, deje de tratar con algunas personas sus placeres y trabajos; que de todo tienen los que tienen oración" (Vida 7, 20).

Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí..., se me ofreció lo que ahora diré... que es: considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos así como en el cielo hay muchas moradas... Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita?... no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo... ¿No es pequeña lástima y confusión que por nuestra culpa no (nos) entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos? ¿No sería qran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de qué tierra?.... (1 Moradas 1,1-2)