(Prólogo)
[«Los testigos que nos han precedido en el Reino (cf Hb 12, 1), especialmente los que la Iglesia reconoce como "santos", participan en la tradición viva de la oración por el testimonio de sus vidas, por la transmisión de sus escritos y por su oración hoy» (Catecismo de la Iglesia Católica n. 2683).
«¡Teresa de Jesús! (...). Vives con Cristo en la gloria y estás presente en la Iglesia, caminando con ella por los senderos de los hombres. En tus escritos plasmaste tu voz y tu alma. En tu familia religiosa perpetúas tu espíritu (...). Descubre a todos los cristianos el mundo interior del alma, tesoro escondido dentro de nosotros, castillo luminoso de Dios» (Juan Pablo II, Plegaria ante el sepulcro de la Santa en Alba de Tormes 1-11-1982)].
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