13.7.11

Camino de Perfección Cap. 21

 
Revisión del texto, notas y comentario: Tomás Álvarez, O.C.D.



Camino de Perfección.
2º Redacción (Códice de Valladolid)
Capítulo 21






Que dice lo mucho que importa comenzar con gran determinación a tener oración, y no hacer caso de los inconvenientes que el demonio pone.

         1. No os espantéis, hijas, de las muchas cosas que es menester mirar para comenzar este viaje divino, que es camino real para el cielo. Gánase yendo por él gran tesoro, no es mucho que cueste mucho a nuestro parecer. Tiempo vendrá que se entienda cuán nonada es todo para tan gran precio.
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         2. Ahora, tornando a los que quieren ir por él y no parar hasta el fin (1)[1], que es llegar a beber de esta agua de vida, cómo han de comenzar, digo que importa mucho, y el todo (2)[2], una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabájese lo que se trabajare, murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se muera en el camino o no tenga corazón para los trabajos que hay en él, siquiera se hunda el mundo, como muchas veces acaece con decirnos: «hay peligros», «fulana por aquí se perdió», «el otro se engañó», «el otro, que rezaba mucho, cayó», «hacen daño a la virtud», «no es para mujeres, que les podrán venir ilusiones», «mejor será que hilen», «no han menester esas delicadeces», «basta el Paternóster y Avemaría».

         3. Esto así lo digo yo, hermanas, y ¡cómo si basta! Siempre es gran bien fundar vuestra oración sobre oraciones dichas de tal boca como la del Señor. En esto tienen razón, que si no estuviese ya nuestra flaqueza tan flaca y nuestra devoción tan tibia, no eran menester otros conciertos de oraciones, ni eran menester otros libros. Y así me ha parecido ahora (pues, como digo (3)[3], hablo con almas que no pueden recogerse en otros misterios, que les parece es menester artificio y hay algunos ingenios tan ingeniosos que nada les contenta), iré fundando por aquí unos principios y medios y fines de oración, aunque en cosas subidas no me detendré (4)[4]; y no os podrán quitar libros, que si sois estudiosas, y teniendo humildad, no habéis menester otra cosa.

         4. Siempre yo he sido aficionada y me han recogido más las palabras de los Evangelios (5)[5] que libros muy concertados. En especial, si no era el autor muy aprobado, no los había gana de leer. Allegada, pues, a este Maestro de la sabiduría, quizá me enseñará alguna consideración que os contente.

         No digo que diré declaración de estas oraciones divinas (6)[6] (que no me atrevería y hartas hay escritas; y que no las hubiera, sería disparate), sino consideración sobre las palabras del Paternóster. Porque algunas veces con muchos libros parece se nos pierde la devoción en lo que tanto nos va tenerla, que está claro que el mismo maestro cuando enseña una cosa toma amor con el discípulo, y gusta de que le contente lo que le enseña, y le ayuda mucho a que lo deprenda, y así hará este Maestro celestial con nosotras.

         5. Por eso, ningún caso hagáis de los miedos que os pusieren (7)[7] ni de los peligros que os pintaren. Donosa cosa es que quiera yo ir por un camino adonde hay tantos ladrones, sin peligros, y a ganar un gran tesoro. Pues bueno anda el mundo para que os le dejen tomar en paz; sino que por un maravedí de interés se pondrán a no dormir muchas noches y a desasosegaros cuerpo y alma. Pues cuando yéndole a ganar -o a robar, como dice el Señor que le ganan los esforzados- (8)[8] y por camino real y por camino seguro, por el que fue nuestro Rey y por el que fueron todos sus escogidos y santos, os dicen hay tantos peligros y os ponen tantos temores, los que van, a su parecer, a ganar este bien sin camino, ¿qué son los peligros que llevarán?

         6. ¡Oh hijas mías!, que muchos más sin comparación, sino que no los entienden hasta dar de ojos en el verdadero peligro, cuando no hay quien les dé la mano, y pierden del todo el agua sin beber poca ni mucha, ni de charco ni de arroyo.

         Pues ya veis, sin gota de esta agua ¿cómo se pasará camino adonde hay tantos con quien pelear? Está claro que al mejor tiempo morirán de sed; porque, queramos que no, hijas mías, todos caminamos para esta fuente, aunque de diferentes maneras. Pues creedme vosotras y no os engañe nadie en mostraros otro camino sino el de la oración.

         7. Yo no hablo ahora en que sea mental o vocal para todos; para vosotras digo que lo uno y lo otro habéis menester. Este es el oficio de los religiosos. Quien os dijere que esto es peligro, tenedle a él por el mismo peligro y huid de él. Y no se os olvide, que por ventura habéis menester este consejo. Peligro será no tener humildad y las otras virtudes; mas camino de oración camino de peligro, nunca Dios tal quiera. El demonio parece ha inventado poner estos miedos, y así ha sido mañoso a hacer caer a algunos que tenían oración, al parecer.

         8. Y mirad qué ceguedad del mundo, que no miran los muchos millares que han caído en herejías y en grandes males sin tener oración, sino distracción, y entre la multitud de éstos, si el demonio, por hacer mejor su negocio, ha hecho caer a algunos que tenían oración, ha hecho poner tanto temor a algunos para las cosas de virtud. Estos que (9)[9] toman este amparo para librarse, se guarden; porque huyen del bien para librarse del mal. Nunca tan mala invención he visto: bien parece del demonio. ¡Oh Señor mío!, tornad por Vos; mirad que entienden al revés vuestras palabras. No permitáis semejantes flaquezas en vuestros siervos (10)[10].

         9. Hay un gran bien: que siempre veréis algunos que os ayuden. Porque esto tiene el verdadero siervo de Dios, a quien Su Majestad ha dado luz del verdadero camino, que en estos temores le crece más el deseo de no parar. Entiende claro por dónde va a dar el golpe el demonio, y húrtale el cuerpo y quiébrale la cabeza. Más siente él (11)[11] esto, que cuantos placeres otros le hacen le contentan. Cuando en un tiempo de alboroto, en una cizaña que ha puesto -que parece lleva a todos tras sí medio ciegos, porque es debajo de buen celo-, levanta Dios uno que los abra los ojos y diga que miren los ha puesto niebla para no ver el camino, ¡qué grandeza de Dios, que puede más a las veces un hombre solo o dos que digan verdad, que muchos juntos!; tornan poco a poco a descubrir el camino, dales Dios ánimo. Si dicen que hay peligro en la oración, procura se entienda cuán buena es la oración, si no por palabras, por obras. Si dicen que no es bien a menudo las comuniones, entonces las frecuentan más. Así que como haya uno o dos que sin temor sigan lo mejor, luego torna el Señor poco a poco a ganar lo perdido.

         10. Así que, hermanas, dejaos de estos miedos. Nunca hagáis caso en cosas semejantes de la opinión del vulgo. Mirad que no son tiempos de creer a todos, sino a los que viereis van conforme a la vida de Cristo. Procurad tener limpia conciencia y humildad, menosprecio de todas las cosas del mundo y creer firmemente lo que tiene la Madre Santa Iglesia, y a buen seguro que vais buen camino.

         Dejaos -como he dicho- (12)[12] de temores adonde no hay qué temer. Si alguno os los pusiere, declaradle con humildad el camino. Decid que Regla tenéis que os manda orar sin cesar -que así nos lo manda- y que la habéis de guardar (13)[13]. Si os dijeren que sea vocalmente, apurad si ha de estar el entendimiento y corazón en lo que decís; si os dijeren que sí -que no podrán decir otra cosa-, veis adonde confiesan que habéis forzado de tener oración mental, y aun contemplación, si os la diere Dios allí.

COMENTARIO AL CAPÍTULO 21

La polémica de la oración


         Llegamos al corazón del libro. El capítulo 21, a mitad del Camino, impone a las lectoras una especie de paso del ecuador, con mar de fondo entorno.

         Es la llamada polémica de la oración. Teólogos e inquisidores contra contemplativos y espirituales. Se vislumbran, en el trasfondo, las figuras de Melchor Cano, Fernando de Valdés, Granada, Carranza, Juan de Ávila, Francisco de Borja...

         Ellas, las lectoras del Camino, no pueden soslayar esa situación conflictiva. Deben tomar posiciones. Tener ideas claras sobre el valor de la oración y determinarse a comenzarla, sin miedos, denodadamente.

         Así, de nuevo se entrecruzan en el libro oración y lucha. "Encerradas peleamos". Pero esta vez es lucha de principios.


"No os espantéis, hijas"

         En el borrador del Camino, la Santa había dividido el tema en dos pequeñas fracciones: dos capítulos. El primero comenzaba así: "No os espantéis, hijas...". El segundo, así: "... Ningún caso hagáis de los miedos que os pusieren ni de los peligros que os pintaren".

         En la redacción definitiva fundió las dos piezas en un solo capítulo, el 21. Pero siguió insistiendo en el conjuro de los miedos. No sólo en consignas teóricas y asépticas: "Hermanas, dejaos de esos miedos", "dejaos de temores adonde no hay qué temer" (n. 10); sino apuntando y disparando acero contra opositores de carne y hueso: "No os engañe nadie en mostraros otro camino que el de la oración" (n. 6), "quien os dijere que esto es peligro, tenedlo a él por el mismo peligro y huid de él" (n. 7), hasta levantar acta de lo que dicen y van diciendo, a la cara misma de las lectoras: "Acaece muchas veces con decirnos «fulana por aquí (por la oración) se perdió», «el otro se engañó», «no es para mujeres», «les podrán venir ilusiones», «mejor será que hilen», «les basta el Paternóster y Avemaría»..." (n. 2).

         Ella les responde, primero, entre ironía y humorismo: "¡Y cómo si basta!"; luego sin paliativos: "El demonio parece ha inventado poner estos miedos" (n. 7). Páginas adelante no disimulará sus ganas de discutir, mano a mano, con esos teólogos espantadizos: "Querría dar voces y disputar con los que dicen que no es menester oración mental...; porque no os espantéis, hijas, que yo sé en qué caen estas cosas y no querría que nadie os trajese al retortero" (22, 3 en el borrador). Y así hasta el final del libro. No titubeará en llamarlos "falsos profetas" de la Iglesia (42, 5 también en el borrador). Claro indicio de que los adversarios de la vida contemplativa no son un tigre de papel, sino que están presentes y hacen presión sobre el grupo. Y se los tendrá de mira hasta la última página del Camino.
         ¿De qué se trata? ¿Qué ave de mal agüero ha atravesado de pronto el horizonte doctrinal del libro y ha hecho a la Autora ponerse en armas?

         Pues bien, no se trata de un ave de paso, sino de una constante en la historia de la espiritualidad cristiana, de la tensión conflictiva entre acción y contemplación; o, más bien, de la resistencia de la acción a la contemplación; pugna e incomprensión de los hombres de acción frente a los orantes contemplativos. Una tensión que, con alternativas pendulares de mayor o menor acidez, se repite desde el episodio evangélico de Marta y María hasta nosotros y nuestro clima de "aggiornamento" posconciliar.

         A Teresa y a su grupo de lectoras les tocó vivir uno de esos momentos pendulares extremosos. La suya era la hora de la reacción conciliar tridentina: neta reivindicación del valor de las obras frente a la mística de la "sola fe". Tomando de mira, por un lado, a los luteranos -reales o supuestos-, y por otro a los contemplativos, a quienes tampoco se los suponía paladines de la acción y de las obras, Uno de los teólogos más famosos de aquella hora -Melchor Cano- escribía: "Decir que las virtudes se aumentan con el ejercicio de la oración más que con sus propios actos es una grandísima burla...".

         Al lector de hoy esa página del Camino le interesa, precisamente, por tocar tema tan delicado. Aunque hoy lo hayamos bautizado con otros términos, como "compromiso y oración", "encarnacionismo y escatologismo", etc. Le interesa el tema de fondo: la tensión bipolar "acción/oración". Y le interesa, además, por afrontarlo desde la óptica, o más bien desde el alma, de una contemplativa tan dinámica y comprometida como Teresa de Jesús.

Comencemos la lectura poniendo a foco su caso personal y el drama de su tiempo.

El caso personal de la Santa y los porqués de su diatriba

         Una vez más, la exposición doctrinal del Camino tiene trasfondo autobiográfico. Es todavía reciente lo vivido por la Autora. Reducido a tres o cuatro pinceladas esenciales, ocurrió así:

         - En torno a sus años 40, la vida espiritual de Teresa desemboca en el océano de la contemplación: intensa oración, experiencia de Dios, gracias místicas hacen de ella una contemplativa excepcional y una orante convencida y proselitista. Diríase, una encarnación de la "Ecclesia orans".

         - Pero esa hora de gracia y contemplación le acaece a Teresa en un momento de crispación religiosa en la Iglesia de su entorno, en Castilla y en toda España, con un doble pretexto: de antifeminismo y de ortodoxia. Desde la reacción contra casos aislados de mujeres embaucadoras y visionarias, se pasa a la prevención frontal contra las mujeres sin excepción ("fulana por aquí se perdió", "no es para mujeres", "mejor será que hilen"). Y desde la realidad expansionista del luteranismo, especialmente a través de la prensa, se pasa al recelo contra todo libro en lengua vulgar. Responsables de esa doble postura son un grupo de teólogos y la Inquisición.
         - A Teresa le llega ese oleaje en directo. El decreto inquisitorial de 1559 le impone la entrega de los libros de oración de uso cotidiano (Vida 26, 5). La intervención de los teólogos, citados para discernir sus gracias místicas, llega a prohibirle la comunión y la oración, e imponerle gestos grotescos (las famosas higas). Y logran infundirle un miedo tal, que hubiera bastado "para quitarme el juicio", escribirá ella (Vida 28, 18).

         - En resumen, tres cosas: quitarle los libros, quitarle las comuniones y la oración, y llenarla de miedos...

         Ahora, cuando Teresa escribe el Camino, todo eso ha sido superado, pero sigue reciente. El libro mismo que ella escribe sufre esa doble presión. Lo doloroso será que esa onda de prevenciones y de miedo avance sobre el grupo de sus lectoras, y que también a ellas las agarrote el temor, o se les inoculen los prejuicios contra el valor de la oración o de la vida contemplativa, o contra la necesidad de una seria formación doctrinal a base de libros comprensibles, "en romance".

         Para ellas, sobre todo, está pensada y escrita la presente página. Les dice el juicio que a ella le merece esa situación:

         - "¡Qué ceguedad...!".

         - "¡Bueno anda el mundo...!".

         - "¡Ellos son los que no lo entienden, hasta dar de ojos en el peligro...!".

         - "Ellos son los de la cizaña".

         Lo condena todo en una sentencia perentoria que enjuicia toda aquella situación: esos, los que quitan libros y atacan la oración y a los contemplativos, "huyen del bien para librarse del mal. Nunca tan mala invención he visto. ¡Bien parece del demonio!" (n. 8).

         Así de claro. Cada vez que en la Iglesia prevalece el miedo al mal sobre el amor al bien se produce esa fuga fatal: huir del bien para librarse del mal. Unidad de medida que tiene alcance mucho mayor del que pensó Teresa en ese momento.


La toma de posiciones

         En el capítulo siguiente la Santa no dudará en encararse con sus opositores e increparlos: "¿Qué es esto, cristianos, los que decís no es menester oración mental, entendéis os? Cierto, que pienso que no os entendéis, y así queréis desatinemos todos..." (22, 2).

         Ahora, en cambio, se limita a dialogar con sus lectoras. Lo hace en tono mayor, combativo, y a la vez maternal: "¡Oh, hijas mías!" (nn. 1 y 6), pero con una neta toma de posiciones. Las irá escalonando así:

         - Ante todo, ¡fuera miedos! "Ningún caso hagáis de los miedos que os pusieren" (n. 5). "Dejaos de esos miedos", "dejaos de temores adonde no hay qué temer" (n. 10). Ni incertidumbre ni amilanamiento, Teresa sabe que son fatales en la psicología del orante, o simplemente del cristiano con ideales, o de la lectora del Camino a quien ella quiere con "altos pensamientos". "No dejéis que se os encoja el ánima ni el ánimo", les dirá más adelante (41, 8).

         - Más categórica todavía: la oración es camino real, camino seguro, por él fue nuestro Rey (n. 5). La oración es viaje divino, camino real para el cielo, camino del tesoro y del agua viva del evangelio (nn. 1-2). "Creedme vosotras y no os engañe nadie en mostraros otro camino sino el de la oración" (n. 6).

         - Comenzadlo fundadas "en las palabras del evangelio", especialmente en la oración del Padre nuestro. Al menos éste será un libro que "no os lo podrán quitar". "Si sois estudiosas..., no necesitaréis otra cosa" (n. 3). Servirá no sólo a los principiantes: dará de sí para "los principios y medios y fines de la oración" (n. 3).

         - No basta comenzar sin miedo, se necesita arranque. "Importa mucho -y el todo- comenzar con una grande y muy determinada determinación": la de no parar hasta llegar al agua viva, aunque se hunda el mundo, tanto si llego allá, como si muero a medio camino (n. 2).

         Última consigna: determinarse, sí, pero sin arrogancia ni autosuficiencia: "Procurad tener limpia conciencia y humildad, menosprecio de todas las cosas del mundo y creer firmemente lo que tiene la Madre Santa Iglesia, y a buen seguro que vais por buen camino" (n. 10).

         Pese a la polémica en que se ve envuelta, Teresa sabe que entre los teólogos no faltan ni faltarán quienes estén de su parte. Le bastará uno solo, amante de la verdad y que conforme su vida con la de Cristo, para conjurar miedos y tener seguridades: "¡Qué grandeza de Dios, que puede más a las veces un hombre solo o dos que digan verdad, que muchos juntos!" (n. 9).

         De hecho, así había sido en su caso personal.


La suerte de esta página del Camino

         Sabía de sobra la Santa que esas páginas polémicas debían pasar por el tamiz de los teólogos. Sabía que sin su aprobación el manuscrito del Camino no podría llegar pacíficamente a manos de las lectoras. Sabía también que, desde la reciente decisión inquisitorial, toda glosa al Evangelio o al Padre nuestro quedaba necesitada de censura, y en especial los manuscritos como éste suyo. Uno de los pasajes del famoso Índice de 1559 incluía entre lo condenado a "todos y cualesquier sermones, cartas, tratados, oraciones o cualquier escriptura escripta de mano, que hable o trate de la Sagrada Escritura o de los sacramentos de la Santa Madre Iglesia y religión cristiana, por ser artificio de que los herejes usan para comunicar sus errores".

         Por eso, quizá, se apresuró ella a advertir que en su escrito no se metería en comentarios: "No digo que diré declaración de estas divinas oraciones, que no me atrevería, y hartas hay escritas, y..., sería disparate" (sería disparate escribirlas ella) (n. 4).

         Pero aunque así fuese, aquí, en este capítulo, quedaba en firme su clamor contra los que "quitan libros", es decir, no sólo los prohíben, sino que los arrojan a la hoguera. Alusión poco velada a la reciente redada de la Inquisición.

         El teólogo que revisó el borrador pasó de soslayo la primera alusión fuerte: "No os podrán quitar libro, que no os quede tan buen libro" (n. 4 del borrador).

         En cambio, al llegar a la segunda alusión irónica, el censor se detuvo. Era clara la alusión a los inquisidores. Levantó acta de ella: primero, tachó en el manuscrito de la Santa todo el inciso: "Haced bien hijas, que no os quitarán el Padrenuestro y Avemaría" (n. 8). Luego, agregó al margen una llamada de atención para la Autora: "Parece que reprehende a los inquisidores, que prohíben libros de oración".

         Alguien -probablemente algún admirador de la Santa- se apresuró a borrar meticulosamente esa acotación marginal, por peligrosa y casi amenazadora, pero ella la tuvo en cuenta, como no podía ser menos, y el inciso censurado no pasó a la redacción definitiva del Camino. Tampoco pasó a las ediciones del libro. Fray Luis de León, buen conocedor del percal y métodos inquisitoriales, la omitió (p. 126 de su edición). La habían omitido también los editores anteriores: don Teutonio, Gracián, los editores valencianos.

         Estos, además, por miedo a que las alusiones a los inquisidores atrajesen la malaventura sobre el libro, hicieron que el expurgo y los cercenes fuesen más allá. El editor comisionado por la Santa, o por su mecenas don Teutonio, para imprimir por primera vez el libro en Portugal, eliminó de raíz las alusiones peligrosas. También la primera, del n. 4, a fin de que el texto teresiano quedase absolutamente aséptico. Y aséptico pasó a las ediciones siguientes.

         En conclusión, el pequeño incidente editorial ha servido para poner de manifiesto la hipersensibilidad de los señores teólogos amigos de la Santa. Y documenta, a la vez, la diversa sensibilidad de ésta y su libertad de espíritu y de palabra en "los tiempos recios" que corrían para su libro y para ella.


[1] «Ahora tornando» al tema: comenzó a tratarlo en el c. 19, nn. 1-2.
[2] La 1ª redacción intercalaba aquí una interesante referencia literaria: «Importa... el todo y aunque en algún libro he leído lo bien que es llevar este principio -y aun en algunos- me parece no se pierde nada en decirlo aquí...».
[3] Alude al c. 19, n. 2.
[4] En la 1ª redacción decía: «... en cosas subidas no haré sino tocar, porque -como digo- las tengo ya escritas (se refiere al libro de la Vida); y no os podrán quitar libro, que no os quede tan buen libro...». - Esta última expresión alude a la reciente prohibición de libros en lengua vulgar («Índice de libros prohibidos...» del inquisidor F. de Valdés, 1559) que tan honda pena causó a la Santa (cf Vida c. 26, n. 5).
[5] «... que se salieron por aquella sacratísima boca así como las decía», añadía la 1ª red.
[6] «Estas oraciones»: el Paternóster y Avemaría, porque en un principio se propuso comentar las dos, renunciando luego a la segunda. - La frase siguiente: «Y si no las hubiere (otras obras escritas), sería disparate (escribirlas yo)».
[7] «Pusiera», escribió por distracción.
[8] Mt 11, 12.
[9] «Estos que...»: los que huyen de la oración para evitar sus peligros.
[10] «Haced bien, hijas, que no os quitarán el Paternóster y Avemaría». Así proseguía la 1ª redacción, aludiendo nuevamente a la prohibición inquisitorial (cf nuestra nota al n. 3); pero esta vez la alusión no fue del agrado de uno de los censores, que la tachó en el autógrafo de El Escorial y añadió al margen: «Parece que reprehende a los Inquisidores que prohibieron los libros de oración». Esta glosa marginal fue tachada tan meticulosamente, que hasta el presente no había sido descifrada.
[11] «Siente él»: el demonio.
[12] En el n. 5 y 10.
[13] Véase el texto de la Regla en c. 4, nota 3.

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Santa Teresa de Jesús, 15 de Octubre

Santa Teresa de Jesús
Virgen y Doctora de la Iglesia, Madre nuestra.
Celebración: 15 de Octubre.


Nace en Avila el 28 de marzo de 1515. Entra en el Monasterio de la Encarnación de Avila, el 2 de noviembre de 1535. Funda en Avila el primer monasterio de carmelitas descalzas con el título de San José el 24 de agosto de 1562.

Inaugura el primer convento de frailes contemplativos en Duruelo el 28 de noviembre de 1568. Llegará a fundar 32 casas. Hija de la Iglesia, muere en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582.

La primera edición de sus obras fue el 1588 en Salamanca, preparadas por Fr. Luis de león. El 24 de abril de 1614 fue beatificada por el Papa Pablo V, y el 12 de marzo de 1622 era canonizada en San Pedro por el Papa Gregorio XV. El 10 de septiembre de 1965, Pablo VI la proclama Patrona de los Escritores Españoles.


Gracias a sus obras -entre las que destacan el Libro de la Vida, el Camino de Perfección, Las Moradas y las Fundaciones- ha ejercido en el pueblo de Dios un luminoso y fecundo magisterio, que Pablo VI iba a reconocer solemnemente, declarándola Doctora de la Iglesia Universal el 27 de septiembre de 1970.

Teresa es maestra de oración en el pueblo de Dios y fundadora del Carmelo Teresiano.

¿Qué significa la oración para Santa Teresa?
"Procuraba, lo más que podía, traer a Jesucristo, nuestro bien y Señor, dentro de mí presente. Y ésta era mi manera de oración. Si pensaba en algún paso, le representaba en lo interior; aunque lo más gastaba en leer buenos libros, que era toda mi recreación; porque no me dio Dios talento de discurrir con elentendimiento ni de aprovecharme con la imaginación; que la tengo tan torpe, que, aun para pensar y representar en mí (como lo procuraba traer) la humanidad del Señor, nunca acababa. Y, aunque por esta vía de no poder obrar con el entendimiento llegan más presto a la contemplación si perseveran, es muy trabajoso y penoso. Porque, si falta la ocupación de la voluntad y el haber en qué se ocupe en cosa presente el amor, queda el alma como sin arrimo ni ejercicio, y da gran pena la soledad y sequedad, y grandísimo combate los pensamientos" (Vida 4,7).

"En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mí (que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración), sin encerrar conmigo mil vanidades. Pasé así muchos años; que ahora me espanto qué sujeto bastó a sufrir que no dejase lo uno o lo otro. Bien sé que dejar la oración ya no era en mi mano, porque me tenía con las suyas el que me quería para hacerme mayores mercedes" (Vida 7, 17).

"Gran mal es un alma sola entre tantos peligros. Paréceme a mí que, si yo tuviera con quién tratar todo esto, que me ayudara a no tornar a caer, siquiera por vergüenza, ya que no la tenía de Dios. Por eso, aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio, procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo. Es cosa importantísima, aunque no sea sino ayudarse unos a otros con su oración. ¡Cuánto más, que hay muchas más ganancias! Yo no sé por qué (pues de conversa ciones y voluntades humanas, aunque no sean muy buenas, se procuran amigos con quien descansar y para más gozar de contar aquellos placeres vanos) no se ha de permitir que quien comenzare de veras a amar a Dios y a servirle, deje de tratar con algunas personas sus placeres y trabajos; que de todo tienen los que tienen oración" (Vida 7, 20).

Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí..., se me ofreció lo que ahora diré... que es: considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos así como en el cielo hay muchas moradas... Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita?... no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo... ¿No es pequeña lástima y confusión que por nuestra culpa no (nos) entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos? ¿No sería qran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de qué tierra?.... (1 Moradas 1,1-2)