21.10.11

Camino de Perfección Cap. 25

 
Revisión del texto, notas y comentario: Tomás Álvarez, O.C.D.



Camino de Perfección.
2º Redacción (Códice de Valladolid)
Capítulo 25
 
 
 
 
            En que dice lo mucho que gana un alma que reza con perfección vocalmente, y cómo acaece levantarla Dios de allí a cosas sobrenaturales.

            1. Y porque no penséis se saca poca ganancia de rezar vocalmente con perfección, os digo que es muy posible que estando rezando el Paternóster os ponga el Señor en contemplación perfecta, o rezando otra oración vocal; que por estas vías muestra Su Majestad que oye al que le habla, y le habla su grandeza, suspendiéndole el entendimiento y atajándole el pensamiento (1)[1], y tomándole -como dicen- la palabra de la boca, que aunque quiere no puede hablar si no es con mucha pena; [2.] entiende que sin ruido de palabras le está enseñando este Maestro divino, suspendiendo las potencias, porque entonces antes dañarían que aprovecharían si obrasen. Gozan sin entender cómo gozan. Está el alma abrasándose en amor y no entiende cómo ama. Conoce que goza de lo que ama y no sabe cómo lo goza. Bien entiende que no es gozo que alcanza el entendimiento a desearle. Abrázale la voluntad sin entender cómo. Mas en pudiendo entender algo, ve que no es éste bien que se puede merecer con todos los trabajos que se pasasen juntos por ganarle en la tierra. Es don del Señor de ella y del cielo, que en fin da como quien es. Esta, hijas, es contemplación perfecta.
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3. Ahora entenderéis la diferencia que hay de ella a la oración mental, que es lo que queda dicho: (2)[2] pensar y entender qué hablamos y con quién hablamos y quién somos los que osamos hablar con tan gran Señor. Pensar esto y otras cosas semejantes de lo poco que le hemos servido y lo mucho que estamos obligados a servir es oración mental. No penséis es otra algarabía, ni os espante el nombre. Rezar el Paternóster y Avemaría o lo que quisiereis, es oración vocal.

            Pues mirad qué mala música hará sin lo primero: (3)[3] aun las palabras no irán con concierto todas veces. En estas dos cosas (4)[4] podemos algo nosotros, con el favor de Dios; en la contemplación que ahora dije, ninguna cosa (5)[5]: Su Majestad es el que todo lo hace, que es obra suya sobre nuestro natural.

            4. Como está dado a entender esto de contemplación muy largamente, lo mejor que yo lo supe declarar, en la relación que tengo dicho escribí para que viesen mis confesores de mi vida (6)[6] -que me lo mandaron-, no lo digo aquí ni hago más de tocar en ello. Las que hubiereis sido tan dichosas que el Señor os llegue a estado de contemplación, si le pudieseis haber, puntos tiene y avisos que el Señor quiso acertase a decir, que os consolarían mucho y aprovecharían, a mi parecer y al de algunos que le han visto, que le tienen para hacer caso de él; que vergüenza es deciros yo que hagáis caso del mío, y el Señor sabe la confusión con que escribo mucho de lo que escribo. ¡Bendito sea que así me sufre! Las que -como digo- tuvieren oración sobrenatural, procúrenle después de yo muerta; las que no, no hay para qué, sino esforzarse a hacer lo que en éste va dicho, y deje al Señor, que es quien lo ha de dar y no os lo negará si no os quedáis en el camino, sino que os esforzáis hasta llegar a la fin (7)[7].

COMENTARIO AL CAPÍTULO 25

Rezar, meditar, contemplar


            Ya nos lo ha dicho repetidas veces. "Rezar" no es oración del subdesarrollado. No es un ínfimo peldaño en la escala de la oración. La oración vocal, bien hecha, humildemente hecha..., es una suave palanca elevadora que pone al orante a tiro de contemplación. Ya nos lo ha dicho en el capítulo anterior a propósito del rezo del Padrenuestro: la oración del Señor es como un lago inmenso y acogedor, capaz de sumergir al orante en el hondo paisaje de la contemplación. Y lo repetirá, con más fuerza, de la celebración de la Eucaristía, en los capítulos dedicados al recogimiento. Es decir, a la tensión interiorizante de toda oración vocal y de toda liturgia eucarística (caps. 26-29 y 33-35).

            Ahora, desde el título del capítulo, se formula en términos explícitos esa potencialidad de la oración vocal, cuando se reza "con perfección".

            Ese epígrafe del presente capítulo 25 se expresa así: "En que dice lo mucho que gana un alma que reza con perfección vocalmente, y cómo acaece levantarla Dios de allí a cosas sobrenaturales".

            Y el epígrafe recibe, enseguida, un refrendo categórico, en las primeras afirmaciones del capítulo: "Y porque no penséis se saca poca ganancia de rezar vocalmente con perfección, os digo que es muy posible que estando rezando el Paternóster os ponga el Señor en contemplación perfecta, o rezando otra oración vocal...".


Ese paso imperceptible del rezo a la contemplación

            De pronto, muy suave y sencillamente, el aprendiz de oración, que en el Camino va preparándose al "rezo" correcto del Padrenuestro (cap. 27), tiene que recibir una breve pero fuerte dosis de contemplación. También a él le puede suceder, de improviso, ese secreto deslizamiento desde el rezo a la contemplación. A Teresa sí le ha ocurrido, y le está ocurriendo, eso mismo. Y, casi seguro, describirá el engranaje de ese suave deslizamiento, desde la propia experiencia de orante contemplativa, que sigue anclada en las palabras mismas del Paternóster.

            Ocurre así: que, mientras los labios siguen desgranando las palabras, tantas veces repetidas, por ciertas vías que sólo Dios sabe "muestra Él que oye al que habla", y que Él mismo le habla desde su grandeza, sin necesitar los utensilios de nuestro entendimiento, de nuestro pensamiento, de nuestras palabras. La Santa lo dice más plásticamente. Así: "le habla su grandeza (la grandeza de Dios), suspendiéndole el entendimiento y atajándole el pensamiento, y tomándole -como dicen- la palabra de la boca... sin ruido de palabras...". Derramando sobre todo eso un goce secreto, de suerte que "gozan sin entender cómo gozan". Abrasándose en amor. Con un amor que le "abraza la voluntad sin entender cómo". Oración recibida, derramada en las entrañas por el Espíritu que nos ha sido dado. "Es don del Señor del cielo y la tierra, que en fin da como quien es. Esta, hijas, es contemplación perfecta" (n. 2).

            Más adelante volverá sobre el tema para centrarlo doctrinalmente. De momento, ha bastado esa rápida remoción del velo del misterio para tener una asomada al paisaje de la oración infusa del orante contemplativo. Exactamente, lo que es la oración contemplativa de la Autora: otro modo de entender y entenderse con Él; otro modo de hablar sin ruido de palabras; otro modo de gozar y de introducir en la oración todos los resortes de la propia vida, sin necesidad de pasarla por el angosto cauce de nuestros pensamientos pensados...


Los tres anillos de la cadena

            "Ahora entenderéis la diferencia..." (n. 3). Sí, tiene que quedar claro al aprendiz de oración que:

            - Una cosa es orar rezando, otra es "oración mental", y otra muy diversa "contemplación perfecta".

            - Que no hay oración rezada de solas palabras: porque "palabras" sin interioridad..., "mirad qué mala música hará" (n. 3). Aunque sean las palabras de la oración por antonomasia, que es la enseñada por Jesús.

            - Que "oración mental" es, ante todo, "entender qué hablamos, y con quién hablamos, y quién somos los que osamos hablar..., y lo poco que hemos servido, y lo mucho que estamos obligados a servir..." (n. 3).

            - Y que contemplación perfecta es algo que está más allá de todo eso, más allá de lo pensado y decidido por nosotros, más allá de palabras, pensamientos y deseos "producidos" por nuestro esfuerzo. Contemplación es oración por iniciativa de Dios en el orante. Es "don del Señor". Es un "bien que no se puede merecer con todos los trabajos que se pase juntos por ganarle en la tierra".

            Tres anillos de la cadena de la oración. Pero estrechamente engarzados el uno en el otro. ¿No estamos hablando de una contemplación perfecta, que brota y florece en la siembra misma de la oración rezada?


El problema: ¿Cómo aprender eso...?

            Los teólogos de las últimas décadas han vuelto a hablar -como los Padres de los primeros siglos- de pedagogía y de mistagogía de la oración. Una cosa sería enseñar a hacer eso poquito que está de nuestra parte para aprender a orar y relacionarnos personalmente con Dios. Otra, muy diversa, iniciarse en el misterio, dejarse introducir en la experiencia de Dios...

            Teresa es una iniciada en lo segundo. Es, también, una iniciadora. Habla desde una intensa experiencia del Dios vivo de su oración. Ella dispone de ciertos palillos personalísimos para comunicar al lector algo de su fuego interior. Pero ha escrito un libro que es, decididamente, mistagógico. Es el libro de su Vida. En él ha contado cómo se le ha regalado a ella ese don de la "contemplación infusa". Y lo ha contado -entre otras cosas- para contagiar al lector de ese mal de amor de que ella está herida.

            Pues bien, desde que ha comenzado el Camino de Perfección hay en su pluma una especie de balanceo entre lo que escribe en este libro y lo que ha escrito en aquel otro. Lo que va diciendo aquí, en el Camino, es para el grupito de novicias y monjas jóvenes de San José: al fin, aprendices de oración. Lo que dejó escrito en el otro libro es para los ya iniciados en la experiencia fuerte de Dios: en el don precioso de la contemplación. Sabe ella que en el grupo de lectoras hay quienes ya están "en estado de contemplación, que, como dije, algunas estáis en él" (n. 4 del borrador).

            A estas lectoras, Teresa les dará la consigna de procurarse el otro libro, el de su vida, pero no enseguida: "Procuradle -que os importa mucho- de que yo me muera" (n. 4 del borrador). Y la razón es sencilla: "allí dije todo lo que supe" (ibid.). Pues, en el fondo, la Santa está convencida de la eficacia iniciática de aquellas páginas.

            Pero, a la vez, casi siempre que recomienda a las lectoras del Camino la lectura de ese otro libro, lo hace con cierta reticencia en sordina. Resulta que ese libro ya no lo tiene ella, sino su confesor padre Báñez (cf. epílogo de la primera redacción). Por eso, que no se lo pidan a ella sino a Báñez. Y la consigna de "procurarlo" es para cuando la Autora haya muerto. Además, "podrá ser (que) no quiera mi confesor (Báñez) que lo veáis vosotras" (prólogo, n. 4, borrador).

            Pues no, el padre Báñez no quiere que ese libro pase a manos de nuevas lectoras. Y cuando se entera de que alguien ha sacado más de una copia del autógrafo teresiano, se enoja en serio. Eso se ha hecho "todo contra voluntad de este que declara -son palabras de Báñez-, en tanta manera, que se enojó con la dicha Teresa de Jesús, aunque entendía que no tenía ella la culpa, sino de quien ella se habría confiado. Y diciéndole este testigo que quería quemar el original, porque no convenía que escrito de mujeres anduviese en público, respondió ella que lo mirase bien y lo quemase si le pareciese... Y lo miró con atención y no se atrevió a quemarle..." (BMC, tomo 18, 10).

            De ahí, sin duda, los titubeos de la Santa. Sobre todo, al redactar por segunda vez el Camino. No sólo vaciló en insistir ante sus lectoras que procurasen ese misterioso libro, pese a seguir convencida de que... "puntos tiene y avisos que el Señor quiso acertase a decir, que os consolarían mucho y aprovecharían, a mi parecer y al de algunos que le han visto..." (n. 4). No sólo eso, sino que al llegar al epílogo del Camino, donde nuevamente aflora la silueta de Báñez, opta por cercenar íntegra la invitación a "procurarse" el manuscrito de Vida para proseguir esta formación inicial del Camino.

            Transcribimos aquí ese pasaje final, para conocer la primera intención pedagógica de la Autora, y cuál fue su "retractación" del texto ante la resistencia del teólogo:

            "... Pues el Señor os ha enseñado el camino, y a mí que en el libro pusiese -que he dicho está escrito- cómo se han de haber, llegadas a esta fuente de agua viva, y qué siente allá el alma, y cómo la harta Dios y la quita la sed de las cosas de acá, y la hace que crezca en las cosas del servicio de Dios; que para las que hubieren llegado a ella será gran provecho y les dará mucha luz. Procuradle, que el padre fray Domingo Báñez..., que -como he dicho- es mi confesor y es a quien daré éste, le tiene. Si éste (el Camino) va para que le veáis y os le da, también os dará el otro..." (Epílogo del borrador).

            Pasaje omitido, silenciosamente, en el libro. Probablemente, en vista de que Báñez no estaba por la labor.


El porqué de esos titubeos y cercenes

            El pequeño incidente redaccional nos desvela una franja de las intenciones de la Madre Teresa en la pedagogía de la oración.

            Era claro, para ella, que la formación a la oración no debía terminar en el aprendizaje de un buen "rezar con perfección", ni de sola la oración mental (meditativa), sino que debía apuntar a la gran madurez de la oración cristiana en su forma fuerte y donal: la contemplación.

            De ahí su plan en dos tiempos: en el Camino, para novicias y aprendices, hablaría, sobre todo, de oración vocal, oración mental y recogimiento. En cuanto a "contemplación perfecta" (o mística), la propondrá sólo de pasada o de soslayo: "No lo digo aquí, ni hago más de tocar en ello" (n. 4; lo repetirá, casi literalmente, en el cap. 32, 13 del borrador). Para ese segundo gran capítulo formativo, remite al lector al libro de su Vida.

            Así pues, Camino y Vida forman un díptico completo en su pedagogía de la oración. Habrá que leerlos en orden inverso al orden cronológico de composición.

            Sólo que ese plan de la Santa quedó parcialmente ofuscado por los motivos y dificultades surgidas, rápidamente, en torno a la lectura de Vida. Tras la oposición de Báñez, apenas un año después, el gran maestro de espirituales, San Juan de Ávila, insistirá en las mismas reservas: "El libro (Vida) no está para salir a manos de muchos", escribía el Santo a la Autora el 12 de septiembre de 1568.

            Pero la posición doctrinal de Teresa sigue en pie. La refrendará, definitivamente, componiendo un nuevo libro de formación: el Castillo interior Este sí formará díptico perfecto con Camino.

            El aprendiz de oración, en la escuela de Teresa, comenzará aprendiendo a orar en las páginas de este libro, y culminará su aprendizaje siendo convocado a contemplar, en las cuartas, quintas, sextas y séptimas moradas del Castillo interior.


[1] «Pensamiento», en la vaga acepción de «imaginación».
[2] «Queda dicho» en el c. 22.
[3] «Sin lo primero»: la oración vocal sin la mental.
[4] «En estas dos cosas»: oración mental y vocal.
[5] Al margen del autógrafo, uno de los censores anotó: «contemplación»; pero sobrevino el segundo censor, tachó esta palabra y enmendó el texto teresiano así: «En la contemplación que ahora dije, ninguna cosa [podemos], si no es disponernos con la oración: Su Majestad es el que ve lo hace, que es obra suya...».
[6] «La relación» que tiene dicha (cf prólogo n. 4) es el libro de la Vida. Trató ampliamente de la contemplación en los cc. 14-21, y en casi toda la tercera parte del libro, cc. 22-31. Cf especialmente el c. 14, nn. 2 y 6; y c. 18, n. 14.
[7] En la 1ª redacción varía todo este número: «... como está todo lo mejor dado a entender en el libro que digo tengo escrito, y así no hay que tratar de ello particularmente aquí: allí dije lo que supe. Quien llegare a haberle Dios llegado a este estado de contemplación de vosotras -que, como dije, algunas estáis en él-, procuradle, que os importa mucho, de que yo me muera. Las que no, no hay para qué; sino esforzarse a hacer lo que en este libro va dicho, de ganar por cuantas vías pudiere y tener diligencia que el Señor se lo dé con suplicárselo y ayudarse. Lo demás, el Señor mismo lo ha de dar y no lo niega a nadie que llegue hasta el fin del camino peleando como queda dicho».

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Santa Teresa de Jesús, 15 de Octubre

Santa Teresa de Jesús
Virgen y Doctora de la Iglesia, Madre nuestra.
Celebración: 15 de Octubre.


Nace en Avila el 28 de marzo de 1515. Entra en el Monasterio de la Encarnación de Avila, el 2 de noviembre de 1535. Funda en Avila el primer monasterio de carmelitas descalzas con el título de San José el 24 de agosto de 1562.

Inaugura el primer convento de frailes contemplativos en Duruelo el 28 de noviembre de 1568. Llegará a fundar 32 casas. Hija de la Iglesia, muere en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582.

La primera edición de sus obras fue el 1588 en Salamanca, preparadas por Fr. Luis de león. El 24 de abril de 1614 fue beatificada por el Papa Pablo V, y el 12 de marzo de 1622 era canonizada en San Pedro por el Papa Gregorio XV. El 10 de septiembre de 1965, Pablo VI la proclama Patrona de los Escritores Españoles.


Gracias a sus obras -entre las que destacan el Libro de la Vida, el Camino de Perfección, Las Moradas y las Fundaciones- ha ejercido en el pueblo de Dios un luminoso y fecundo magisterio, que Pablo VI iba a reconocer solemnemente, declarándola Doctora de la Iglesia Universal el 27 de septiembre de 1970.

Teresa es maestra de oración en el pueblo de Dios y fundadora del Carmelo Teresiano.

¿Qué significa la oración para Santa Teresa?
"Procuraba, lo más que podía, traer a Jesucristo, nuestro bien y Señor, dentro de mí presente. Y ésta era mi manera de oración. Si pensaba en algún paso, le representaba en lo interior; aunque lo más gastaba en leer buenos libros, que era toda mi recreación; porque no me dio Dios talento de discurrir con elentendimiento ni de aprovecharme con la imaginación; que la tengo tan torpe, que, aun para pensar y representar en mí (como lo procuraba traer) la humanidad del Señor, nunca acababa. Y, aunque por esta vía de no poder obrar con el entendimiento llegan más presto a la contemplación si perseveran, es muy trabajoso y penoso. Porque, si falta la ocupación de la voluntad y el haber en qué se ocupe en cosa presente el amor, queda el alma como sin arrimo ni ejercicio, y da gran pena la soledad y sequedad, y grandísimo combate los pensamientos" (Vida 4,7).

"En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mí (que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración), sin encerrar conmigo mil vanidades. Pasé así muchos años; que ahora me espanto qué sujeto bastó a sufrir que no dejase lo uno o lo otro. Bien sé que dejar la oración ya no era en mi mano, porque me tenía con las suyas el que me quería para hacerme mayores mercedes" (Vida 7, 17).

"Gran mal es un alma sola entre tantos peligros. Paréceme a mí que, si yo tuviera con quién tratar todo esto, que me ayudara a no tornar a caer, siquiera por vergüenza, ya que no la tenía de Dios. Por eso, aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio, procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo. Es cosa importantísima, aunque no sea sino ayudarse unos a otros con su oración. ¡Cuánto más, que hay muchas más ganancias! Yo no sé por qué (pues de conversa ciones y voluntades humanas, aunque no sean muy buenas, se procuran amigos con quien descansar y para más gozar de contar aquellos placeres vanos) no se ha de permitir que quien comenzare de veras a amar a Dios y a servirle, deje de tratar con algunas personas sus placeres y trabajos; que de todo tienen los que tienen oración" (Vida 7, 20).

Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí..., se me ofreció lo que ahora diré... que es: considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos así como en el cielo hay muchas moradas... Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita?... no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo... ¿No es pequeña lástima y confusión que por nuestra culpa no (nos) entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos? ¿No sería qran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de qué tierra?.... (1 Moradas 1,1-2)