21.10.11

Camino de Perfección Cap. 28

 
Revisión del texto, notas y comentario: Tomás Álvarez, O.C.D.



Camino de Perfección.
2º Redacción (Códice de Valladolid)
Capítulo 28
 
 
 
 
 

En que declara qué es oración de recogimiento, y pónense algunos medios para acostumbrarse a ella.

         1. Ahora mirad que dice vuestro Maestro: «Que estás en los cielos».

         ¿Pensáis que importa poco saber qué cosa es cielo y adónde se ha de buscar vuestro sacratísimo Padre? Pues yo os digo que para entendimientos derramados que importa mucho, no sólo creer esto, sino procurarlo entender por experiencia. Porque es una de las cosas que ata mucho el entendimiento y hace recoger el alma.
 (sigue aquí --- en "Más información"... )
         2. Ya sabéis que Dios está en todas partes. Pues claro está que adonde está el rey, allí dicen está la corte. En fin, que adonde está Dios, es el cielo. Sin duda lo podéis creer que adonde está Su Majestad está toda la gloria. Pues mirad que dice San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo (1)[1]. ¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta verdad y ver que no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con Él, ni ha menester hablar a voces? Por paso (2)[2] que hable, está tan cerca que nos oirá. Ni ha menester alas para ir a buscarle (3)[3], sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a padre, pedirle como a padre, contarle sus trabajos, pedirle remedio para ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija.

         3. Se deje de unos encogimientos que tienen algunas personas y piensan es humildad. Sí, que no está la humildad en que si el rey os hace una merced no la toméis, sino tomarla y entender cuán sobrada os viene y holgaros con ella. ¡Donosa humildad, que me tenga yo al Emperador del cielo y de la tierra en mi casa, que se viene a ella por hacerme merced y por holgarse conmigo, y que por humildad ni le quiera responder ni estarme con Él ni tomar lo que me da, sino que le deje solo. Y que estándome diciendo y rogando le pida, por humildad me quede pobre, y aun le deje ir, de que ve que no acabo de determinarme!

         No os curéis, hijas, de estas humildades, sino tratad con Él como con padre y como con hermano y como con señor y como con esposo; a veces de una manera, a veces de otra, que Él os enseñará lo que habéis de hacer para contentarle. Dejaos de ser bobas; pedidle la palabra, que vuestro Esposo es, que os trate como a tal (4)[4].

         4. Este modo de rezar, aunque sea vocalmente, con mucha más brevedad se recoge el entendimiento, y es oración que trae consigo muchos bienes. Llámase recogimiento, porque recoge el alma todas las potencias y se entra dentro de sí con su Dios, y viene con más brevedad a enseñarla su divino Maestro y a darla oración de quietud, que de ninguna otra manera. Porque allí metida consigo misma, puede pensar en la Pasión y representar allí al Hijo y ofrecerle al Padre y no cansar el entendimiento andándole buscando en el monte Calvario y al huerto y a la columna.

         5. Las que de esta manera se pudieren encerrar en este cielo pequeño de nuestra alma, adonde está el que le hizo, y la tierra (5)[5], y acostumbrar a no mirar ni estar adonde se distraigan estos sentidos exteriores, crea que lleva excelente camino y que no dejará de llegar a beber el agua de la fuente (6)[6], porque camina mucho en poco tiempo. Es como el que va en una nao, que con un poco de buen viento se pone en el fin de la jornada en pocos días, y los que van por tierra tárdanse más (7)[7].

         6. Estos (8)[8] están ya, como dicen, puestos en la mar; que, aunque del todo no han dejado la tierra, por aquel rato hacen lo que pueden por librarse de ella, recogiendo sus sentidos a sí mismos. Si es verdadero el recogimiento, siéntese muy claro, porque hace alguna operación. No sé cómo lo dé a entender. Quien lo tuviere, sí entenderá. Es que parece se levanta el alma con el juego, que ya ve lo es las cosas del mundo (9)[9]. Alzase al mejor tiempo y como quien se entra en un castillo fuerte para no temer los contrarios: un retirarse los sentidos de estas cosas exteriores y darles de tal manera de mano que, sin entenderse, se le cierran los ojos por no las ver, porque más se despierte la vista a los del alma.

         Así, quien va por este camino casi siempre que reza tiene cerrados los ojos, y es admirable costumbre para muchas cosas, porque es un hacerse fuerza a no mirar las de acá. Esto al principio, que después no es menester; mayor se la hace cuando en aquel tiempo los abre. Parece que se entiende un fortalecerse y esforzarse el alma a costa del cuerpo, y que le deja solo y desflaquecido, y ella toma allí bastimento para contra él (10)[10].

         7. Y aunque al principio no se entienda esto, por no ser tanto -que hay más y menos en este recogimiento-, si se acostumbra (aunque) al principio dé trabajo, porque el cuerpo torna de su derecho (11)[11], sin entender que él mismo se corta la cabeza en no darse por vencido), si se usa algunos días y nos hacemos esta fuerza, verse ha claro la ganancia y entenderán, en comenzando a rezar, que se vienen las abejas a la colmena y se entran en ella para labrar la miel, y esto sin cuidado nuestro; porque ha querido el Señor que por el tiempo que le han tenido, se haya merecido estar el alma y voluntad con este señorío, que en haciendo una seña no más de que se quiere recoger, la obedezcan los sentidos y se recojan a ella. Y aunque después tornen a salir, es gran cosa haberse ya rendido, porque salen como cautivos y sujetos y no hacen el mal que antes pudieran hacer. Y en tornando a llamar la voluntad, vienen con más presteza, hasta que a muchas entradas de éstas quiere el Señor se queden ya del todo en contemplación perfecta.

         8. Entiéndase mucho esto que queda dicho, porque, aunque parece oscuro, se entenderá a quien quisiere obrarlo.

         Así que caminan por mar (12)[12]; y pues tanto nos va no ir tan despacio, hablemos un poco de cómo nos acostumbraremos a tan buen modo de proceder. Están más seguros de muchas ocasiones; pégase más presto el fuego del amor divino, porque con poquito que soplen con el entendimiento, como están cerca del mismo fuego, con una centellica que le toque se abrasará todo. Como no hay embarazo de lo exterior, estase sola el alma con su Dios: hay gran aparejo para entenderse (13)[13].

         9. Pues hagamos cuenta que dentro de nosotras está un palacio de grandísima riqueza, todo su edificio de oro y piedras preciosas, en fin, como para tal Señor; y que sois vos parte para que este edificio sea tal, como a la verdad es así, que no hay edificio de tanta hermosura como una alma limpia y llena de virtudes, y mientras mayores, más resplandecen las piedras; y que en este palacio está este gran Rey, que ha tenido por bien ser vuestro Padre; y que está en un trono de grandísimo precio, que es vuestro corazón.

         10. Parecerá esto al principio cosa impertinente -digo, hacer esta ficción para darlo a entender- y podrá ser aproveche mucho, a vosotras en especial; porque, como no tenemos letras las mujeres, todo esto es menester para que entendamos con verdad que hay otra cosa más preciosa, sin ninguna comparación, dentro de nosotras que lo que vemos por de fuera. No nos imaginemos huecas en lo interior. Y plega a Dios sean solas mujeres las que andan con este descuido; que tengo por imposible, si trajésemos cuidado de acordarnos tenemos tal huésped dentro de nosotras, nos diésemos tanto a las cosas del mundo, porque veríamos cuán bajas son para las que dentro poseemos. Pues ¿qué más hace una alimaña que en viendo lo que le contenta a la vista harta su hambre en la presa? Sí, que diferencia ha de haber de ellas a nosotras.

         11. Reiranse de mí, por ventura, y dirán que bien claro se está esto, y tendrán razón; porque para mí fue oscuro algún tiempo. Bien entendía que tenía alma; mas lo que merecía esta alma y quién estaba dentro de ella, si yo no me tapara los ojos con las vanidades de la vida para verlo, no lo entendía. Que, a mi parecer, si como ahora entiendo que en este palacio pequeñito de mi alma cabe tan gran Rey, que no le dejara tantas veces solo, alguna me estuviera con Él, y más procurara que no estuviera tan sucia. Mas ¡qué cosa de tanta admiración, quien hinchiera mil mundos y muy mucho más con su grandeza, encerrarse en una cosa tan pequeña! (14)[14]. A la verdad, como es Señor, consigo trae la libertad, y como nos ama, hácese a nuestra medida.

         12. Cuando un alma comienza, por no la alborotar de verse tan pequeña para tener en sí cosa tan grande, no se da a conocer hasta que va ensanchándola poco a poco, conforme a lo que es menester para lo que ha de poner en ella. Por esto digo que trae consigo la libertad, pues tiene el poder de hacer grande este palacio (15)[15]. Todo el punto está en que se le demos por suyo con toda determinación, y le desembaracemos para que pueda poner y quitar como en cosa propia. Y tiene razón Su Majestad, no se lo neguemos (16)[16]. Y como Él no ha de forzar nuestra voluntad, toma lo que le damos, mas no se da a Sí del todo hasta que nos damos del todo.

         Esto es cosa cierta y, porque importa tanto, os lo acuerdo tantas veces: ni obra en el alma como cuando del todo sin embarazo es suya, ni sé cómo ha de obrar; es amigo de todo concierto. Pues si el palacio henchimos de gente baja y de baratijas, ¿cómo ha de caber el Señor con su corte? Harto hace de estar un poquito entre tanto embarazo.

         13. ¿Pensáis, hijas, que viene solo? ¿No veis que dice su Hijo: «Que estás en los cielos?». Pues un tal Rey, a osadas que no le dejen solo los cortesanos, sino que están con Él rogándole por nosotros todos para nuestro provecho, porque están llenos de caridad. No penséis que es como acá, que si un señor o prelado favorece a alguno por algunos fines, o porque quiere, luego hay las envidias y el ser malquisto aquel pobre sin hacerles nada.

COMENTARIO AL CAPÍTULO 28

El arte de recogerse


Cómo entrar dentro de sí


         Estamos ante el tema central del Camino. Recordémoslo. En la pedagogía teresiana el arte de recogerse y entrar dentro de sí es una especie de escalón intermedio entre la sencilla oración rezada y la oración de pura contemplación. Peldaño de paso de la una a la otra.

         El título del capítulo dice así: "En que declara qué es oración de recogimiento, y pónense algunos medios para acostumbrarse a ella". Un título que promete tres cosas: decimos qué es oración de recogimiento, medios disponibles y cómo acostumbrarse o cómo entrenarse en ese arte.

         El título es un claro duplicado del que la Autora puso al capítulo 26. También allí se trataba de "cómo recoger el pensamiento" y de los "medios para recogerlo".

         Ello nos recuerda que la Santa desdobló el tema del recogimiento en un díptico, y que al frente de cada una de las dos tablas del mismo, intencionadamente, quiso que figurase el mismo rótulo: el aprendizaje y el avance en el camino de la oración pasa por una fase de interiorización que hace la oración más personal, más profunda, más sencilla y contemplativa.

         La primera tabla del díptico (caps. 26-27) insistió en que recogerse no es ensimismarse, ni enroscarse sobre sí, ni barrenar lo hondo del propio pozo; que en la oración cristiana "recogerse" es, ante todo, centrarse en el Otro, en Cristo, concentrar mente y corazón en Él. Porque sería desolador entrar dentro de sí y encontrarse con uno mismo, sin Él. Jamás olvidar que hacer oración cristiana es cosa de dos.

         Después de eso viene, ahora, el segundo tiempo del proceso de recogimiento (caps. 28-29): "Con Él, entrar dentro de sí". Va a ser éste el tema de nuestro capítulo.


Un presupuesto básico

         "Entrar dentro de sí mismo" quizá sea una fórmula realista, incluso con tinte psicológico fuerte. Como el socrático "conócete a ti mismo". Pero quizá quede en consigna vaga y algo abstracta, como cuando hablamos de nuestra interioridad (término, éste, que -claro está- ni conoció ni usó nuestra Autora).

         Entendámonos, "entrar dentro de sí" no equivale al típico momento de "concentración" que se impone al atleta antes de la carrera o del salto; ni se reduce a la técnica yoga, que pasa por los momentos de atención y concentración para liberarse, finalmente, de sí mismo. Ni lo uno, ni lo otro, aun cuando el recogimiento pueda apoyarse en las dos cosas: en la técnica del atleta y en el yoga del budista cristianizado.

         La santa prefirió como punto de partida otra formulita mágica: la segunda palabra del Padrenuestro. Precisamente, la que va inmediatamente vinculada a la inicial invocación del Padre: "Tú que estás en los cielos". Pero, bien entendido, no en los cielos estrellados, sino en los cielos de mi alma o de mi vida, cielos espaciosos y dilatados de mi espíritu; o bien, "en este cielo pequeño de nuestra alma".

         De un solo golpe de pluma, la Santa ha soslayado el enfoque meramente psicologista del recogimiento y le ha dado calado teológico, hondura de fe. Para ella y para el orante el presupuesto base es el dato bíblico que define la interioridad del hombre como "morada" o como "templo del Espíritu". Teresa misma se ha parado tantas veces, atónita, a tomar conciencia de ello, más atónita todavía, al caer en la cuenta de que Dios tiene sus delicias ahí: en estar dentro de nosotros.

         De ahí que en la entrada misma del capítulo se lo reitere al lector. Que no le basta al orante saberlo de oídas o darse por enterado. Es importante ("importa mucho") "no sólo creerlo, sino procurar entenderlo por experiencia".

         Le advertirá enseguida al lector que eso de "experimentarlo" (tener experiencia de la propia hondura o de que somos morada de Dios) no es cosa fácil "cuando un alma comienza" a orar. Él "no se da a conocer hasta que va ensanchándola poco a poco, conforme a lo que es menester para lo que ha de poner en ella" (n. 12).

         Sobre esa base se desgrana un primer sartal de consignas:

         - Ahí, en mi espacio interior, "¡Dios está tan cerca!", basta hablarle bajito.

         - Basta "ponerse en soledad y mirarle dentro de sí, y no extrañarse de tan buen huésped" (soledad y compañía mutua).

         - Aprender a "hablarle", "hablarle como a Padre, pedirle como a Padre...".

         - Liberarse de trabas: comunicarse con Él sin falsas humildades...

         - Osar la audacia de la oración cristiana: "Tratar con Él", "tratad con Él como con Padre y como con hermano y como con Señor y como con Esposo; a veces de una manera, a veces de otra, que Él os enseñará lo que habéis de hacer para contentarle. Dejaos de ser bobas: pedidle la palabra, que vuestro Esposo es, que os trate como a tal" (n. 3).

         Así, el presupuesto de base se reduce a dos consignas: "Mirad que os va mucho tener entendida esta verdad: que está el Señor dentro de vosotras, y que allí nos estemos con Él".

         Esta mutua presencia (que "Él está dentro de nosotros y nosotros con Él") es una especie de plataforma abierta a la mutua comunión: en silencio y palabra, en soledad y compañía, en audacia y humildad.


Exactamente..., recogerse ¿qué es?

         Teresa responde a esta pregunta en el corazón del capítulo (nn. 4-7). Lo hace en dos tiempos: primero con una especie de definición, cincelada a su modo. Luego, con una catarata de imágenes plásticas.

         La definición (nn. 4-5).

         Empieza así: "Llámase recogimiento porque recoge el alma todas las potencias...". Y concluye asegurando que para recogerse hay que "acostumbrar" a nuestros sentidos exteriores a "no mirar ni estar adonde se distraigan" (n. 5).

         Punto por punto, el juego de piezas en el arte de recogerse se engrana así:

         - Recogerse es cosa del alma, es decir, cosa del centro interior de la persona.

         - Es ella la que ha de convocar a ese centro sentidos y potencias: educar los sentidos, acostumbrarlos a no "distraerse" ni "distraer" en pos de sí al centro de la persona, y convocar las potencias hacia ese centro interior, como a su centro de gravedad.

         - El alma misma "se entra dentro de sí con su Dios". La esencia de la oración, que para la Santa consiste en ese estar "quién con Quién" para poder "tratarse", tiene ahora un enorme arsenal de posibilidades en esa presencia del orante ante Dios.

         - Porque Dios actúa ahí: "Viene con más brevedad a enseñarla su divino Maestro". El recogimiento despierta y alerta a la inmediatez de la presencia mutua, barre obstáculos y baratijas, propicia el primado absoluto de Él en mí.

         - El último escalón de ese descenso a lo profundo comporta todo un abanico de posibilidades: o la quietud contemplativa; o el desfile de todo lo vivido por Cristo o por el orante: su Pasión y todo su Evangelio; o mis problemas y toda mi historia de salvación, pero revivido aquí con hondura y sentido nuevos, en ese nuevo mundo de la interioridad.


La catarata de imágenes plásticas

         No definen, pero insinúan y abren pistas provocadoras. La Santa las hace irrumpir en su lección de forma inesperada y les va dando paso sin orden, sin darles el último toque, esbozándolas apenas:

         - El recogimiento es casi "llegar a beber el agua de la fuente" (n. 5).

         - Es camino rápido: "Caminar mucho en poco tiempo" (n. 5).

         - Es como viaje por mar: "Como el que va en una nao, que con un poco de buen viento se pone en el fin de la jornada en pocos días" (nn. 6 y 8).

         - Es levantarse con el juego, que ya ve que son puro juego las cosas del mundo (cf n. 6).

         - Es entrarse como las abejas en la colmena, "para labrar allí la miel" (n. 7).

         - Es disponer de una centellica para soplar sobre ella y prender fuego de amor que lo abrase todo (n. 8).

         Una última imagen va a servir para culminar la lección del recogimiento. Es la imagen del "castillo fuerte" (n. 6) o del "palacio de oro y piedras preciosas" (n. 9).


La práctica: cómo acostumbrarse

         "Hablemos un poco de cómo nos acostumbraremos a tan buen modo de proceder" (n. 8).

         En realidad, la descripción del recogimiento y las imágenes que lo simbolizan son, por sí mismas, de orden práctico, susceptibles de aplicación, como formas de entrenamiento. La Santa no vuelve sobre ellas.

         En esta parte conclusiva del capítulo va a proponer una sola línea de ejercicio "para acostumbrarse" y adquirir experiencia. Completará el tema en la segunda parte del capítulo siguiente.

         Aquí propone sólo una manera de interiorización, a base del presupuesto inicial del "cielo de nuestra alma" (nn. 9-12).

         Hela aquí, esbozada muy esquemáticamente en cinco pasos:

         1.º "Hagamos cuenta que dentro de nosotras está un palacio de grandísima riqueza...".

         Es una imagen para acercarnos a la realidad. Para "realizar" o recuperar en una nítida toma de conciencia algo importante que confina con el mundo del subconsciente que, por incuria, tenemos relegado en esa especie de trastera interior de los recuerdos molestos o de las baratijas inservibles. El múltiple subrayado con que la Santa presenta esa imagen del palacio intenta inculcar su importancia práctica.

         En su caso personal, ella ha llegado a tener realmente dentro de sí todo un "castillo interior", lo describirá en el otro libro que lleva ese título.
         Y desde su experiencia se propone despertar la conciencia del orante. También él debe realizarse en su interior, entenderlo y experimentarlo.

         2.º Pero el "palacio" no es fin para sí mismo, es morada para alguien. O está vacía y frustrada, o está habitada. De ahí las dos afirmaciones categóricas y prácticas:

         - "No nos imaginemos huecas por dentro" (n. 10).

         - "En este palacio está un gran rey..." (n. 9).

         En la consigna de "acostumbrarse" entran, por tanto, esos dos nuevos pasos:

         a) Pasar de la sensación de vacuidad interior a la densidad interior con espesor de contenidos. O lo tengo lleno de baratijas, o lo tengo "habitado".

         b) Mi interioridad tiene una especie de dimensión religiosa y sacra: está hecha para ser capacidad de Dios, morada para Él.

         Realizar esa doble convicción en la percepción de mí mismo: tengo que pasar de una actitud meramente psicológica a una actitud religiosa y orante.

         3.º Entrar dentro..., conlleva siempre el paso de una misteriosa barrera, la que separa en nosotros la exterioridad de la interioridad; balancín entre el mundo del sentido y el mundo del espíritu. No para cancelar el primero, sino para centrarlo en el segundo, para lograr la unidad interior de la persona, para no tener el alma o el entendimiento "derramados".

         4.º Ser sensibles a la acción de Él. Dios no nos habita como el ídolo está en su templo. Él está en el palacio interior para la comunión de las personas. También el palacio es persona. En esa comunión, Él tiene siempre y misteriosamente la iniciativa:

         - Él hinche el palacio.

         - Él lo dilata, lo ensancha poco a poco.

         - Él trae consigo la libertad...

         - Él, por fin, se da a conocer (n. 12). (Cuando vuelva sobre el tema, capítulos adelante -cap. 34-, asegurará que Él tiene muchas maneras de darse a conocer, es decir, de ir enriqueciendo la experiencia interior del orante).

         5.º El recogimiento no es una práctica más, o una práctica que se cierre en el estrecho espacio de la oración. Exige la vida entera y toda la persona. Es éste el paso final del arte de "recogerse". Para que Él inunde con su presencia todo el palacio, hay que desembarazárselo de estorbos y enredos, limpiarlo: "Dárselo por suyo con toda determinación", "para que pueda poner y quitar como en cosa propia"; dárselo en oblación voluntaria y amorosa: que "Él no ha de forzar nuestra voluntad", pues "Él no se da a Sí del todo, hasta que nos damos del todo".

         Así, la oración de recogimiento desemboca en formas de oración profunda, de comunión y contemplación, de oración oblativa y adorante. Oración que comprometa las capas profundas del orante y toda su vida.


[1] Alusión a los Soliloquios pseudoagustinianos, c. 31, o a las Confesiones L. 10, c. 27. Cf Vida c. 40, n. 6.
[2] «Por paso que hable»: por muy bajo y suave que hable.
[3] Alusión al Salmo 54, 7.
[4] En la 1ª redacción: «... Que os trate como tales. Mirad que os va mucho tener entendida esta verdad: que está el Señor dentro de nosotras, y que allí nos estemos con él».
[5] Más claro en la 1ª redacción: «... Cielo pequeño de nuestra alma, adonde está el que hizo el cielo y la tierra».
[6] «Con el favor de Dios», añadió la Santa de su letra en el ms. de Toledo.
[7] A continuación se leía en la 1ª redacción: «Es camino del cielo; digo del cielo, que están metidos allí en el palacio del rey, no están en la tierra, y más seguros de muchas ocasiones». En la 2ª redacción desarrolló estos conceptos en los nn. 6, 7 y 8.
[8] «Estos»: los que saben recogerse.
[9] «Se levanta con el juego»: frase que ha dado lugar a peregrinas interpretaciones. De por sí, significa apoderarse de lo ganado (en el juego) y cesar de jugar. Este significado material parece ser exigido por las dos alusiones siguientes: «Alzarse al mejor tiempo» y «no temer a los contrarios». Doctrinalmente, bajo la figura, quiere decir que el recogimiento, por sí mismo, hace al alma dueña de la situación, la impulsa, la «levanta». «Levantar» no tiene aquí significación mística por razón del contexto. - El docto redactor o el amanuense del ms. de Toledo modificaron la frase así: «Es que parece se levanta el alma con el fuego; ya ve que lo es las cosas de él»; la Santa no advirtió el truco, y se dejó llevar a la corrección del propio texto así: «[fuego que ya] siente en sí de las cosas del mundo». - En cambio, en el ms. de Madrid corrigió «fuego» en «juego».
[10] «Toma allí bastimento»: se provee, toma abastecimiento...
[11] Torna por su derecho, decimos hoy.
[12] Así que caminan por mar: alusión al principio del n. 6, refiriéndose a los que «saben recogerse».
[13] También podría leerse «encenderse» siguiendo a fr. Luis (p. 162) y la mayoría de los editores. Preferimos, sin embargo, «entenderse» por ser lectura más probable del autógrafo, y por coincidir con la 1ª redacción. En ésta añade: «Yo querría que entendieseis muy bien esta manera de orar, que -como he dicho-, se llama recogimiento».
[14] «Así quiso caber en el vientre de su sacratísima Madre». Lo añade la 1ª redacción.
[15] Uno de los censores tachó -probablemente con cierta displicencia de teólogo profesional-, toda esta bella digresión sobre la inmensidad de Dios y su presencia en el alma (desde «Mas ¡qué cosa...» hasta «todo él»).
[16] «Aun acá nos da pesadumbre huéspedes en casa, cuando no podemos decirlos que se vayan». De la 1ª redacción.
 
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Santa Teresa de Jesús, 15 de Octubre

Santa Teresa de Jesús
Virgen y Doctora de la Iglesia, Madre nuestra.
Celebración: 15 de Octubre.


Nace en Avila el 28 de marzo de 1515. Entra en el Monasterio de la Encarnación de Avila, el 2 de noviembre de 1535. Funda en Avila el primer monasterio de carmelitas descalzas con el título de San José el 24 de agosto de 1562.

Inaugura el primer convento de frailes contemplativos en Duruelo el 28 de noviembre de 1568. Llegará a fundar 32 casas. Hija de la Iglesia, muere en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582.

La primera edición de sus obras fue el 1588 en Salamanca, preparadas por Fr. Luis de león. El 24 de abril de 1614 fue beatificada por el Papa Pablo V, y el 12 de marzo de 1622 era canonizada en San Pedro por el Papa Gregorio XV. El 10 de septiembre de 1965, Pablo VI la proclama Patrona de los Escritores Españoles.


Gracias a sus obras -entre las que destacan el Libro de la Vida, el Camino de Perfección, Las Moradas y las Fundaciones- ha ejercido en el pueblo de Dios un luminoso y fecundo magisterio, que Pablo VI iba a reconocer solemnemente, declarándola Doctora de la Iglesia Universal el 27 de septiembre de 1970.

Teresa es maestra de oración en el pueblo de Dios y fundadora del Carmelo Teresiano.

¿Qué significa la oración para Santa Teresa?
"Procuraba, lo más que podía, traer a Jesucristo, nuestro bien y Señor, dentro de mí presente. Y ésta era mi manera de oración. Si pensaba en algún paso, le representaba en lo interior; aunque lo más gastaba en leer buenos libros, que era toda mi recreación; porque no me dio Dios talento de discurrir con elentendimiento ni de aprovecharme con la imaginación; que la tengo tan torpe, que, aun para pensar y representar en mí (como lo procuraba traer) la humanidad del Señor, nunca acababa. Y, aunque por esta vía de no poder obrar con el entendimiento llegan más presto a la contemplación si perseveran, es muy trabajoso y penoso. Porque, si falta la ocupación de la voluntad y el haber en qué se ocupe en cosa presente el amor, queda el alma como sin arrimo ni ejercicio, y da gran pena la soledad y sequedad, y grandísimo combate los pensamientos" (Vida 4,7).

"En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mí (que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración), sin encerrar conmigo mil vanidades. Pasé así muchos años; que ahora me espanto qué sujeto bastó a sufrir que no dejase lo uno o lo otro. Bien sé que dejar la oración ya no era en mi mano, porque me tenía con las suyas el que me quería para hacerme mayores mercedes" (Vida 7, 17).

"Gran mal es un alma sola entre tantos peligros. Paréceme a mí que, si yo tuviera con quién tratar todo esto, que me ayudara a no tornar a caer, siquiera por vergüenza, ya que no la tenía de Dios. Por eso, aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio, procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo. Es cosa importantísima, aunque no sea sino ayudarse unos a otros con su oración. ¡Cuánto más, que hay muchas más ganancias! Yo no sé por qué (pues de conversa ciones y voluntades humanas, aunque no sean muy buenas, se procuran amigos con quien descansar y para más gozar de contar aquellos placeres vanos) no se ha de permitir que quien comenzare de veras a amar a Dios y a servirle, deje de tratar con algunas personas sus placeres y trabajos; que de todo tienen los que tienen oración" (Vida 7, 20).

Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí..., se me ofreció lo que ahora diré... que es: considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos así como en el cielo hay muchas moradas... Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita?... no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo... ¿No es pequeña lástima y confusión que por nuestra culpa no (nos) entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos? ¿No sería qran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de qué tierra?.... (1 Moradas 1,1-2)