10.3.12

Capítulo 8 Fundaciones

Revisión del texto, notas y comentario: Tomás Álvarez, O.C.D.

Libro de las Fundaciones          CAPÍTULO 8


Trata de algunos avisos para revelaciones y visiones[1] .
1.         Parece hace espanto a algunas personas sólo en oír nombrar visiones o revelaciones. No entiendo la causa por que tienen por camino tan peligroso el llevar Dios un alma por aquí, ni de dónde ha procedido este pasmo. No quiero ahora tratar cuáles son buenas o malas, ni las señales que he oído a personas muy doctas para conocer esto; sino de lo que será bien haga quien se viere en semejante ocasión, porque a pocos confesores irá que no la dejen atemorizada; que, cierto, no espanta tanto decir que les representa el demonio muchos géneros de tentaciones y de espíritu de blasfemia y disparatadas y deshonestas cosas, cuanto se escandalizará de decirle que ha visto o habládola algún ángel, o que se le ha representado Jesucristo crucificado, Señor nuestro.
2.         Tampoco quiero ahora tratar de cuándo las revelaciones son de Dios (que esto está entendido ya los grandes bienes que hacen al alma), mas que son representaciones que hace el demonio para engañar, y que se aprovecha de la imagen de Cristo nuestro Señor o de sus santos para esto[2] . Tengo para mí que no permitirá Su Majestad ni le dará poder para que con semejantes figuras engañe a nadie, si no es por su culpa, sino que él quedará engañado[3] . Digo que no engañará si hay humildad; y así no hay para qué andar asombradas, sino fiar del Señor y hacer poco caso de estas cosas, si no es para alabarle más.
3.         Yo sé de una persona que la trajeron harto apretada los confesores por cosas semejantes, que después, a lo que se pudo entender por los grandes efectos y buenas obras que de esto procedieron, era de Dios; y harto tenía, cuando veía su imagen en alguna visión, que santiguarse y dar higas, porque se lo mandaban así. Después, tratando con un gran letrado dominico, el maestro fray Domingo Báñez[4] , le dijo que era mal hecho que ninguna persona hiciese esto, porque adonde quiera que veamos la imagen de nuestro Señor, es bien reverenciarla, aunque el demonio la haya pintado; porque él es gran pintor, y antes nos hace buena obra queriéndonos hacer mal, si nos pinta un crucifijo u otra imagen tan al vivo, que la deje esculpida en nuestro corazón. Cuadróme mucho esta razón, porque cuando vemos una imagen muy buena, aunque supiésemos la ha pintado un mal hombre, no dejaríamos de estimar la imagen ni haríamos caso del pintor para quitarnos la devoción. Porque el bien o el mal no está en la visión, sino en quien la ve y no se aprovecha con humildad de ellas; que si ésta hay, ningún daño podrá hacer aunque sea demonio; y si no la hay, aunque sean de Dios, no hará provecho. Porque, si lo que ha de ser para humillarse viendo que no merece aquella merced la ensoberbece, será como la araña, que todo lo que come convierte en ponzoña; o la abeja, que lo convierte en miel.
4.         Quiérome declarar más: si nuestro Señor, por su bondad, quiere representarse a un alma para que más le conozca y ame, o mostrarla algún secreto suyo, o hacerla algunos particulares regalos y mercedes, y ella -como he dicho-[5]  con esto que (había de confundirse y conocer cuan poco lo merece su bajeza) se tiene luego por santa y le parece por algún servicio que ha hecho le viene esta merced, claro está que el bien grande que de aquí la podía venir convierte en mal, como la araña. Pues digamos ahora que el demonio, por incitar a soberbia, hace estas apariciones: si entonces el alma, pensando son de Dios, se humilla y conoce no ser merecedora de tan gran merced y se esfuerza a servir más, porque viéndose rica, mereciendo aún no comer las migajas que caen de las personas que ha oído hacer Dios estas mercedes (quiero decir, ni ser sierva de ninguna), humíllase y comienza a esforzarse a hacer penitencia y a tener más oración y a tener más cuenta con no ofender a este Señor, que piensa es el que la hace esta merced, y a obedecer con más perfección, yo aseguro que no torne el demonio, sino que se vaya corrido, y que ningún daño deje en el alma.
5.         Cuando dice algunas cosas que hagan, o por venir, aquí es menester tratarlo con confesor discreto y letrado, y no hacer ni creer cosa sino lo que aquél la dijere. Puédelo comunicar con la priora, para que le dé confesor que sea tal. Y téngase este aviso, que si no obedeciere a lo que el confesor le dijere y se dejare guiar por él, que o es mal espíritu, o terrible melancolía. Porque, puesto que el confesor no atinase, ella atinará más en no salir de lo que le dice, aunque sea ángel de Dios el que la habla; porque Su Majestad le dará luz u ordenará cómo se cumpla, y es sin peligro hacer esto, y en hacer otra cosa puede haber muchos peligros y muchos daños.
6.         Téngase aviso que la flaqueza natural es muy flaca, en especial en las mujeres, y en este camino de oración se muestra más; y así es menester que a cada cosita que se nos antoje, no pensemos luego es cosa de visión; porque crean que cuando lo es, que se da bien a entender. Adonde hay algo de melancolía, es menester mucho más aviso; porque cosas han venido a mí, de estos antojos, que me han espantado cómo es posible que tan verdaderamente les parezca que ven lo que no ven.
7.         Una vez vino a mí un confesor, muy admirado, que confesaba una persona, y decíale que venía muchos días nuestra Señora y se sentaba sobre su cama y estaba hablando más de una hora y diciendo cosas por venir y otras muchas. Entre tantos desatinos acertaba alguno, y con esto teníase por cierto. Yo entendí luego lo que era, aunque no lo osé decir; porque estamos en un mundo que es menester pensar lo que pueden pensar de nosotros para que hayan efecto nuestras palabras; y así dije que se esperase aquellas profecías si eran verdad, y preguntase otros efectos y se informase de la vida de aquella persona. En fin, venido a entender, era todo desatino.
8.         Pudiera decir tantas cosas de éstas, que hubiera bien en qué probar el intento que llevo a que no se crea luego un alma, sino que vaya esperando tiempo y entendiéndose bien antes que lo comunique, para que no engañe al confesor, sin querer engañarle; porque si no tiene experiencia de estas cosas, por letrado que sea, no bastará para entenderlo. No ha muchos años, sino harto poco tiempo, que un hombre desatinó harto a algunos bien letrados y espirituales con cosas semejantes, hasta que vino a tratar con quien tenía esta experiencia de mercedes del Señor, y vio claro que era locura junto con ilusión, aunque no estaba entonces descubierto, sino muy disimulado; desde a poco lo descubrió el Señor claramente, aunque pasó harto primero esta persona que lo entendió en no ser creída[6] .
9.         Por estas cosas y otras semejantes, conviene mucho que se trate[7]  claridad de su oración cada hermana con la priora, y ella tenga mucho aviso de mirar la complexión y perfección de aquella hermana, para que avise al confesor, porque mejor se entienda, y le escoja a propósito, si el ordinario no fuere bastante para cosas semejantes. Tengan mucha cuenta en que cosas como éstas no se comuniquen, -aunque sean muy de Dios, ni mercedes conocidas milagrosas-, con los de fuera, ni con confesores que no tengan prudencia para callar, porque importa mucho esto, más de lo que podrán entender, y que unas con otras no lo traten. Y la priora, con prudencia, siempre la entiendan inclinada más a loar a las que se señalan en cosas de humildad y mortificación y obediencia, que a las que Dios llevare por este camino de oración muy sobrenatural, aunque tengan todas esto-tras virtudes. Porque si es espíritu del Señor, humildad trae consigo para gustar de ser despreciada, y a ella no hará daño y a las otras hace provecho. Porque, como a esto no pueden llegar, que lo da Dios a quien quiere, desconsolarse hían para tener estotras virtudes; aunque también las da Dios, puédense más procurar y son de gran precio para la religión. Su Majestad nos las dé. Con ejercicio y cuidado y oración no las negará a ninguna que con confianza de su misericordia las procurare.

COMENTARIO DEL CAPÍTULO 8
Avisos para fenómenos extraordinarios en la oración
Trata de "revelaciones y visiones" (título), que posiblemente se dan en el contexto de la vida de oración. ¿Genuinas o anómalas? El capítulo se atiene a lo anunciado al comenzar este apartado doctrinal (ce. 4-8), y refleja el ambiente general de su tiempo: por un lado los extravíos del alumbradismo y por otro la floración de gracias místicas auténticas en el clima de sus Carmelos: recuérdese la evaluación de la Santa "son tantas las mercedes que Dios hace en estas casas..." (final del cap. 4).
Ahora les dedica una exposición breve y sencilla:
-           ambiente de prevenciones y recelos contra esos fenómenos (n. 1)
-           dos procedencias posibles: o provienen de Dios y son auténticos; o provienen del demonio, de la imaginación desbordada, o de melancolía (nn. 2-6)
-           dos episodios clamorosos, terminados en desatino (nn. 7-8)
-           consejo final a las prioras (n. 9)
El capítulo comienza testificando la escasa receptividad, más bien recelo, con que se juzga y rechaza ese tipo de fenómenos en el ambiente contextual de su tiempo. Recordará a continuación (n. 3) lo sufrido por ella misma en el periodo de su iniciación en la experiencia mística, hasta obligarla a practicar la mofa de las higas a la imagen del Resucitado, tal como las había descrito en Vida 29, y se las había doctamente censurado el teólogo Domingo Báñez.
La diferencia entre el fenómeno auténticamente místico y los contrahechos por la imaginación enferma o por el demonio se hace patente de dos maneras: en la humildad o en la jactancia que los acompañan y, sobre todo, en los efectos. Las pautas fundamentales para calificarlos son: no precipitarse, esperar a los hechos, medirlos por el contexto moral de la persona...
Y, para su tratamiento, ante todo someterlos a un confesor competente y equilibrado, o bien al criterio de la propia priora responsable de la comunidad, y evitar absolutamente su publicidad, incluso entre las compañeras del propio Carmelo. Si son cosa de Dios, ellos mismos se abrirán paso, aunque de momento el asesor competente los malvalore e intente sofocarlos. "Tengo para mí que no permitirá Su Majestad ni le dará poder [al demonio o a la imaginación] para que con semejantes figuras engañe a nadie, si no es por su culpa" (n. 2).
De ahí la conclusión de cara a las prioras, responsables: "conviene mucho que se trate claridad de su oración cada hermana con la priora... La priora, con prudencia, siempre la entiendan inclinada a loar más a las que se señalan en cosas de humildad y mortificación y obediencia, que a las que Dios llevare por este camino de oración muy sobrenatural..." (n. 9).


[1] Tratará en este capítulo el tema anunciado en el c. 5. Véase la nota al título de éste.
[2] El sentido es: tampoco quiero... tratar de cuando las revelaciones son de Dios... sino de cuando son representaciones que hace el demonio y para engañar... se aprovecha de la imagen de Cristo...
[3] Primero había escrito: «...engañe a nadie, sino que él quedará engañado». Luego, entre líneas, completó la primera frase, añadiendo: «si no es por su culpa». Y por fin añadió al margen: «Digo que no engañará, si hay humildad». La edición príncipe omitió esta nota marginal.
[4] La aclaración «el maestro fray Domingo Báñez» fue añadida por la Santa al margen del autógrafo. - Habla de sí misma: cf. Vida, c. 29, n. 5 y ss.: y Moradas VI, c. 9, nn. 12-13.
[5] En el n. 3.
[6] Alude a un campesino avilés, por nombre Juan Manteca, con gran fama de espiritual y místico por los años de 1565. Presentado a la Santa, hubo de confesar sus embustes (cf. la deposición de Isabel de S. Domingo en el Proceso de Zaragoza, 1595; B.M.C., 1.19, p. 81).
[7] Se trate claridad., como tratar verdad, es «tener claridad de trato». Los editores han corregido siempre: trate con claridad.
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NOTA AL CAPÍTULO 8
1. Es normal la Insistencia de la Santa al reiterar la responsabilidad de la priora en cuidar la vida de oración en la comunidad y en cada hermana. Ya lo había prescrito en las Constituciones de sus Carmelos, cuyo cap. XI se titulaba: "De lo que está obligada a hacer cada una en su oficio". Y al llegar al oficio de la priora, prescribía: "Den todas las hermanas a la priora cada mes una vez cuenta de la manera que se han aprovechado en la oración, y cómo las lleva nuestro Señor, que Su Majestad la dará luz, que si no van bien las guíe: y es humildad y mortificación hacer esto y para mucho aprovechamiento".


Santa Teresa de Jesús, 15 de Octubre

Santa Teresa de Jesús
Virgen y Doctora de la Iglesia, Madre nuestra.
Celebración: 15 de Octubre.


Nace en Avila el 28 de marzo de 1515. Entra en el Monasterio de la Encarnación de Avila, el 2 de noviembre de 1535. Funda en Avila el primer monasterio de carmelitas descalzas con el título de San José el 24 de agosto de 1562.

Inaugura el primer convento de frailes contemplativos en Duruelo el 28 de noviembre de 1568. Llegará a fundar 32 casas. Hija de la Iglesia, muere en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582.

La primera edición de sus obras fue el 1588 en Salamanca, preparadas por Fr. Luis de león. El 24 de abril de 1614 fue beatificada por el Papa Pablo V, y el 12 de marzo de 1622 era canonizada en San Pedro por el Papa Gregorio XV. El 10 de septiembre de 1965, Pablo VI la proclama Patrona de los Escritores Españoles.


Gracias a sus obras -entre las que destacan el Libro de la Vida, el Camino de Perfección, Las Moradas y las Fundaciones- ha ejercido en el pueblo de Dios un luminoso y fecundo magisterio, que Pablo VI iba a reconocer solemnemente, declarándola Doctora de la Iglesia Universal el 27 de septiembre de 1970.

Teresa es maestra de oración en el pueblo de Dios y fundadora del Carmelo Teresiano.

¿Qué significa la oración para Santa Teresa?
"Procuraba, lo más que podía, traer a Jesucristo, nuestro bien y Señor, dentro de mí presente. Y ésta era mi manera de oración. Si pensaba en algún paso, le representaba en lo interior; aunque lo más gastaba en leer buenos libros, que era toda mi recreación; porque no me dio Dios talento de discurrir con elentendimiento ni de aprovecharme con la imaginación; que la tengo tan torpe, que, aun para pensar y representar en mí (como lo procuraba traer) la humanidad del Señor, nunca acababa. Y, aunque por esta vía de no poder obrar con el entendimiento llegan más presto a la contemplación si perseveran, es muy trabajoso y penoso. Porque, si falta la ocupación de la voluntad y el haber en qué se ocupe en cosa presente el amor, queda el alma como sin arrimo ni ejercicio, y da gran pena la soledad y sequedad, y grandísimo combate los pensamientos" (Vida 4,7).

"En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mí (que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración), sin encerrar conmigo mil vanidades. Pasé así muchos años; que ahora me espanto qué sujeto bastó a sufrir que no dejase lo uno o lo otro. Bien sé que dejar la oración ya no era en mi mano, porque me tenía con las suyas el que me quería para hacerme mayores mercedes" (Vida 7, 17).

"Gran mal es un alma sola entre tantos peligros. Paréceme a mí que, si yo tuviera con quién tratar todo esto, que me ayudara a no tornar a caer, siquiera por vergüenza, ya que no la tenía de Dios. Por eso, aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio, procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo. Es cosa importantísima, aunque no sea sino ayudarse unos a otros con su oración. ¡Cuánto más, que hay muchas más ganancias! Yo no sé por qué (pues de conversa ciones y voluntades humanas, aunque no sean muy buenas, se procuran amigos con quien descansar y para más gozar de contar aquellos placeres vanos) no se ha de permitir que quien comenzare de veras a amar a Dios y a servirle, deje de tratar con algunas personas sus placeres y trabajos; que de todo tienen los que tienen oración" (Vida 7, 20).

Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí..., se me ofreció lo que ahora diré... que es: considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos así como en el cielo hay muchas moradas... Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita?... no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo... ¿No es pequeña lástima y confusión que por nuestra culpa no (nos) entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos? ¿No sería qran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de qué tierra?.... (1 Moradas 1,1-2)