Revisión del texto, notas y comentario: Tomás Álvarez, O.C.D.
SANTA
TERESA DE JESÚS
EL
CASTILLO INTERIOR O LAS MORADAS
MORADAS SEXTAS
Capítulo 4
Trata
de cuando suspende Dios el alma en la oración con arrobamiento o éxtasis o
rapto, que todo es uno a mi parecer (1)[1],
y cómo es menester gran ánimo para recibir tan grandes mercedes de su Majestad.
1.
Con estas cosas dichas de trabajos y las demás, ¿qué sosiego puede traer la
pobre mariposica? Todo es para más desear gozar al Esposo; y Su Majestad, como
quien conoce nuestra flaqueza, vala habilitando con estas cosas y otras muchas
para que tenga ánimo de juntarse con tan gran Señor y tomarle por Esposo (2)[2].
2.
Reíros heis de que digo esto y pareceros ha desatino, porque cualquiera de
vosotras os parecerá que no es menester y que no habrá ninguna mujer tan baja
que no le tenga para desposarse con el rey. Así lo creo yo con el de la tierra,
mas con el del cielo yo os digo que es menester más de lo que pensáis; porque
nuestro natural es muy tímido y bajo para tan gran cosa, y tengo por cierto
que, si no le diese Dios con cuanto veis que nos está bien, sería imposible. Y
así veréis lo que hace Su Majestad para concluir este desposorio, que entiendo
yo debe ser cuando da arrobamientos, que la saca de sus sentidos; porque si
estando en ellos se viese tan cerca de esta gran Majestad, no era posible por
ventura quedar con vida. Entiéndese arrobamientos que lo sean, y no flaquezas
de mujeres como por acá tenemos, que todo nos parece arrobamiento y éxtasis, y
–como creo dejo dicho– (3)[3]
hay complexiones tan flacas, que con una oración de quietud se mueren.
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