Revisión del texto, notas y comentario: Tomás Álvarez, O.C.D.
SANTA TERESA DE JESÚS
EL CASTILLO INTERIOR O LAS MORADAS
MORADAS
SÉPTIMAS
Capítulo
4
Con que acaba, dando a entender lo que le
parece pretende nuestro Señor en hacer tan grandes mercedes al alma, y cómo es
necesario que anden juntas Marta y María. Es muy provechoso.
1. No habéis de entender, hermanas, que
siempre en un ser están estos efectos que he dicho (1)[1] en estas
almas, que por eso adonde se me acuerda digo «lo ordinario»; que algunas veces
las deja nuestro Señor en su natural, y no parece sino que entonces se juntan
todas las cosas ponzoñosas del arrabal y moradas de este castillo para vengarse
de ellas por el tiempo que no las pueden haber a las manos.
2. Verdad es que dura poco: un día lo más, o
poco más; y en este gran alboroto, que procede lo ordinario de alguna ocasión, se
ve lo que gana el alma en la buena compañía que está, porque la da el Señor una
gran entereza para no torcer en nada de su servicio y buenas determinaciones, sino
que parece le crecen, y por un primer movimiento muy pequeño no tuercen de esta
determinación. Como digo, es pocas veces, sino que quiere nuestro Señor que no
pierda la memoria de su ser, para que siempre esté humilde, lo uno; lo otro, porque
entienda más lo que debe a Su Majestad y la grandeza de la merced que recibe, y
le alabe.
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